Máquina de muerte

La elección de julio no representará un cambio por el solo hecho de que probablemente el PRI perderá el poder central

Máquina de muerte

En memoria de Javier Valdez. Un año después, la impunidad.

 

La mañana de ayer fue asesinado a balazos el periodista Juan Carlos Huerta. Conducía el programa de radio Panoramas sin reserva, en Villahermosa, Tabasco, y salía del fraccionamiento en donde vivía con su familia cuando varios hombres le cerraron el paso y le dispararon.

La noticia de que Huerta había sido ejecutado corrió cerca del mediodía, cuando muchos periodistas estábamos aún perturbados y medio pasmados al cumplirse un año del asesinato de Javier Valdez Cárdenas. Lo primero que se me vino a la cabeza es lo terriblemente volátiles que se vuelven algunas cosas en medio de la violencia general, como el conteo de muertos, desaparecidos o mujeres asesinadas.

Solo unas horas antes, el fin de semana, un grupo de reporteros mexicanos y extranjeros había terminado de pintar en letras rojas un lienzo a lo largo de una loma en el Cañón del Matadero, en las inmediaciones de Playas de Tijuana: 140 periodistas asesinados MX”. Este lunes, Juan Carlos Huerta se convirtió en el número 141 de la lista de periodistas muertos o desaparecidos desde 1999.

Es muy probable que antes de que se publique este texto en las primeras horas del miércoles, otros mexicanos con diferentes profesiones hayan sido asesinados en distintas partes del país. ¿De dónde surge toda esta violencia? ¿Cómo llegamos a un punto en el que asesinar a una persona es tan absurdamente fácil en este México impune de principios de siglo?

Hace algunos años un reconocido periodista dedicado a relatar historias que tienen lugar en medio de guerras y conflictos civiles decía, al intentar explicar la ola de asesinatos de mujeres en Ciudad Juárez,  que independientemente de que hubiera responsables de los crímenes, algunos elementos (permisibilidad, impunidad y una amenazante convivencia con el crimen) habían convertido a la ciudad en una máquina de muerte.

El tiempo le dio la razón y unos años después algo semejante sucede multiplicado y extendido en casi todos los estados del país. ¿En qué momento Guanajuato se convirtió en un infierno que este año supera en muertos a Tamaulipas? ¿Qué territorio queda a salvo del crimen organizado a gran escala? ¿Yucatán? ¿Quizá Campeche?

La elección de julio no representará un cambio por el solo hecho de que probablemente el PRI perderá el poder central. El 2 de julio, los ciudadanos, o esa entelequia conocida como sociedad civil, cualquiera que sea su representación y sus causas, deberá salir a la calle para persuadir de la urgencia de discutir alternativas independientes al uso de la fuerza para contener la violencia.

Un error capital en la llamada guerra contra el narcotráfico consistió en que el gobierno federal desvaneciera como una sombra su presencia simbólica ante el crimen organizado. Si Calderón hizo de cada aprehensión de un capo un circo mediático, el gobierno peñista vio pasar en seis años más de 100 mil homicidios (más que con Calderón) como una autoridad de piedra, incapaz de hilvanar una narrativa y acciones que ayudaran a desmontar la máquina de muerte.

No dejemos que se repita.

 

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