Las palabras huecas de AMLO

El discurso de AMLO necesita más sustancia si debatirá en 2018 o acepta entrevistas que lo cuestionen. Hasta ahora su discurso está lleno de lugares comunes


Titubeante, sin profundidad, inmerso en lugares comúnes, sin explicar cómos, y llenando sus intervenciones de buenas intenciones. Así camina AMLO hacia la presidencia, punteando en las encuestas.

 

La semana pasada, ante un auditorio repleto en el Wilson Center -un instituto independiente de EUA-, que junto con el Inter-American Dialogue ha comenzado en Washington una serie de conversaciones con actores políticos de México, el tabasqueño dijo poco menos que nada.

 

Si me preguntan por qué luchamos, respondería: por acabar con la corrupción. Por eso luchamos. En eso se resume nuestra propuesta, porque nada ha dañado más a México que la deshonestidad de los gobernantes, dijo al inicio de su intervención.

 

En un país donde la corrupción campea y la impunidad está arraigada, el diagnóstico es compartido. Pero se requiere más que dichos. ¿Cómo lo hará? ¿A través de qué políticas? No dijo.

 

Acabar con la corrupción permitirá el renacimiento. La fórmula es sencilla pero eficaz, y sobre todo transformadora: gobernar con el ejemplo, desterrar la corrupción, abolir la impunidad, actuar con austeridad y destinar todo lo que se ahorre a financiar el desarrollo, señaló. Muy bien pero, de nuevo, ¿cómo?

 

Si el presidente es honesto, los gobernadores tendrán que ser honestos, y así hasta el último servidor público. Vamos a limpiar el gobierno de corrupción de arriba para abajo, como se barren las escaleras, remató.

 

Ok. Entonces, ¿acabará con la corrupción por decreto? ¿Por contagio? ¿Por inoculación todos seguirán su ejemplo?

 

Difícil creerlo, sobre todo cuando en los hechos, AMLO ha abierto la puerta de su partido, purificándolos, a personajes de dudosa reputación y oscuro pasado, como René Bejarano o Lino KorrodiLópez Obrador habla de combatir la corrupción pero fue de los que más se resistió a hacer su 3 de 3. Dijo que era un asunto de la mafia del poder y señaló que era una tomadura de pelo. Después, a regañadientes, la presentó dejando más dudas de las que despejó.

 

Pero en el Wilson Center, el dueño de Morena, habló de más cosas. Su intervención no tiene desperdicio.

 

En materia económico, por ejemplo, adoptó un discurso tan simplista como la de Donald Trump. Vamos a producir en México lo que consumimos. Ya no compraremos en el extranjero lo que consumimos, dijo. Adiós comercio global.

 

Sobre agresiones a periodistas, se le preguntó: ¿Ha pensado cómo fortalecer los sistemas de protección a periodistas? Su respuesta no salió del lugar común. Sí, garantizarles su seguridad. Buscar las estrategias o mecanismo más adecuado para protegerlos, afirmó. Ajá. Muy bien. ¿Y el cómo? ¿Y la propuesta? ¿Alguna política pública? Nada. Palabras huecas.

 

Necesita más sustancia si debatirá en 2018 o si, de perdida, piensa aceptar entrevistas donde se lo cuestione. Hasta ahora su discurso está lleno de lugares comunes.

 

-Off the récord

 

Los spots por su Quinto Informe son, de facto, el inicio de su campaña. Van en la línea de lo que Miguel Ángel Mancera ofrecerá y cómo se venderá: un ciudadano, no un político. La fecha para irse de la Jefatura de Gobierno sigue siendo la misma: primera quincena de octubre.

 

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