Manos en la relación

El embajador de México en EU trabaja directamente con la oficina del Presidente y copia a la cancillería

José Carreño / Desde afuera   / Heraldo de México
José Carreño / Desde afuera / Heraldo de México

WASHINGTON. La intensidad de las relaciones entre Estados Unidos y México han llevado a la existencia de elementos de informalidad que tienen razón de ser para los dos gobiernos.

Uno de ellos, que el embajador -o embajadora– sean personas con cercanía a su Presidente o con prestigio y, por tanto, influencia propia en sus respectivas administraciones.

Eso es y ha sido correcto en el caso de los últimos embajadores de EU en México, que tenían lo mismo lo que se consideraba como derecho de picaporte en la Casa Blanca –como en el caso de Tony Garza en el gobierno de George W. Bush– que de John Negroponte y Jim Jones o más recientemente Tony Wayne o Roberta Jacobson.

En el lado mexicano ha habido figuras como Jorge Espinosa de los Reyes, maestro y amigo del presidente Miguel de la Madrid, Gustavo Petriccioli, amigo y protegido de Carlos Salinas de Gortari, o Arturo Sarukhan, diplomático de carrera y miembro de la campaña electoral del presidente Felipe Calderón. Lo que ambos gobiernos esperan, en general, es que el otro envíe alguien que pueda servir como ojos, oídos y voz de su Presidente.

A veces ha habido personajes que sirven como contactos informales para comunicaciones igualmente informales, o a veces más que eso.

Normalmente esos personajes –como los embajadores– obedecían a la realidad de que la relación se da de ejecutivo a ejecutivo, de la boca de uno a los oídos del otro y viceversa.

En términos reales, y a pesar de algunos intentos, el embajador de México en Washington trabaja directamente con la oficina del Presidente y pasa copia a la cancillería. Eso no ha cambiado ni va a cambiar en el corto plazo.

La embajadora Bárcena tiene, al margen del respaldo de una carrera y prestigio propios, una relación personal con el presidente Andrés Manuel López Obrador, lo que la hace un conducto ideal. Puede no ser el único, pero eso lo determinará el mandatario.

El presidente Donald Trump por su parte, tiene en mente a Christopher Landau, un prominente abogado hijo de un diplomático especializado en Latinoamérica, como embajador de Estados Unidos en México. Se le describe como cercano al circulo de Trump.

Queda una ruta aún no explorada: presuntamente, el secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard, busca conductos propios con Washington, aunque las personas identificadas hasta ahora como sus presuntos mensajeros aseguran que su papel es mucho menor y más relacionado a aconsejar a Javier López Casarín, un empresario cercano a Ebrard, que a ser ojos, oídos o boca del canciller.

Ruben Olmos, de la empresa local Nexus, y David Fenton, de Fenton Communications serian dos de las personas involucradas en el trabajo, pero ninguno había registrado el contrato, si lo hubiera, en la oficina de registro de agentes extranjeros, como marca la ley FARA.

Sea lo que sea, resulta obvio que la intensidad de la relación continuará al margen de quien o quienes ocupen la presidencia en los dos países.

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@carrenojose1

 

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