Manelich Castilla: ¿Seguridad como en Singapur?

Las manifestaciones requieren previa autorización y en lugares precisos, que son escasos

Manelich_Castilla
Manelich Castilla / EX COMISIONADO GENERAL DE LA POLICÍA FEDERAL

Singapur, además de ser de los países más ricos y seguros, tiene la mejor policía del mundo, según el Índice Mundial de Seguridad Interna y Policía vía IPSA, publicada por el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) hace dos años. Empero, habría que hacer una pausa y analizar las razones para tal circunstancia y, sobre todo, si estaríamos dispuestos a cubrir la cuota que el singapurense paga en aquel estado-nación de más de 5 millones de habitantes, para poder presumir esos niveles de excelencia.

1. La restricción de libertades es parte de la cotidianidad. El número de cámaras particulares y del gobierno que vigilan indistintamente los movimientos de los ciudadanos. Parecieran haber sido enseñados a que si no tienen nada qué ocultar, no deben preocuparse por ser observados. Mascar chicle está prohibido, así como besarse o abrazarse en la vía pública. Las sanciones por conductas como éstas van desde una multa, hasta la prohibición de acceder a las posibilidades de obtener una vivienda. El 80% de la vivienda pertenece al estado, así que no se trata de una sanción menor.

2. No existe libertad de prensa. El gobierno está facultado para sancionar a medios que publiquen información que pudiera ser considerada un atentado contra la seguridad y la armonía. Solamente existen dos empresas de medios, una pertenece al Estado y la otra, siendo privada, requiere autorización gubernamental para vender sus acciones. Reporteros sin Fronteras colocó a Singapur en el puesto 151 de su ranking mundial de libertad de prensa y la considera gobernada por un gobierno intolerante que promueve la autocensura.

3. El derecho de asociación está condicionado. Las manifestaciones requieren previa autorización y en lugares precisos, que son escasos. La ONG Freedom House consideró a Singapur como un país parcialmente libre, dándole una calificación de 52 sobre 100.

4. Pena de muerte. No es debate novedoso el de implementar o no la pena capital ante la comisión de ciertos ilícitos. América Latina ha optado por eliminarla de las legislaciones de casi todos los países y, en los hechos, está erradicada. Existe una cultura de rechazo del latino a la pena capital. En Singapur está vigente para narcotráfico, violación y corrupción, lo que le ha costado serios señalamientos de Amnistía Internacional. Su política criminal no reconoce el derecho a la objeción de conciencia, implementando penas hasta de tres años de prisión a los jóvenes que se niegan a realizar el servicio militar de dos años a que obliga la ley, y penas similares a practicantes de otros credos, como los testigos de Jehová.

En cuanto al trabajo policial, destaca su modelo de proximidad y la difusión en carteles en negocios, del número de arrestos realizados en la zona, el mes inmediato anterior. Ello genera una sensación de eficacia en la persecución del delito. La idea, pues, de que el gobierno controla todo y a todos. Así, ¿Es la policía factor para la seguridad de excelencia? ¿Restringir libertades favorece la seguridad? ¿Queremos, en verdad, un modelo al estilo Singapur?

Debemos plantear escenarios serios y alejarnos de la tentación de dar por válida aquella frase de Shakespeare: La mejor seguridad se encuentra en el miedo.

 

 

EXCOMISIONADO GENERAL DE LA POLICÍA FEDERAL

@MANELICHCC

 

¿Te gustó este contenido?




Lo mejor del impreso
OpiniónMartha Anaya / Alhajero / Heraldo de México

La mirada de Santiago Nieto