Madurez política

Quizá uno de los pilares sobre los que se ha de reinventar nuestra vida en pluralismo y libertad es precisamente el de la madurez

Alejandro Poiré / Opinión El Heraldo de México

Los niños tienen el beneficio, pueden darse el lujo de pensar que todo es sencillo. Y madurar y convertirse en adulto implica reconocer que las cosas son complicadas, que tienen matices. Que contienen lo bueno y lo malo, lo salado y lo dulce. Y eso es lo que significa ser un adulto. Hay algo sobre nuestra discusión nacional en la que todo mundo quiere ser un niño otra vez. Ellos son los malos, nosotros somos buenos… Y cada lado puede ver al otro de la misma forma: son adultos queriendo ser niños. Esto dice Conan O’Brien, el comediante estadounidense, en un episodio reciente de su podcast, donde suele tener conversaciones interesantes sobre la cultura contemporánea y la búsqueda de la vocación, entre otras cosas. Me gustó la analogía.

Primero, porque ilustra que el drama del discurso político mexicano no es sólo nuestro: la polarización y la simplificación que conlleva también dominan el debate público de nuestros vecinos, y de muchas democracias que hoy sufren la derrota casi total de la conversación sensata entre adultos que difieren y se respetan. Desde el berrinche, la broma trivializante, el insulto y la negación del otro, no se construye ni siquiera un buen espacio para jugar a las traes en el recreo. Imagine usted si podremos desde ahí atender los urgentes problemas de la inseguridad, el cambio climático y el futuro del trabajo que enfrentamos, por mencionar solo tres. Algo parecido decía yo hace un año, angustiado por el celebrado Fuck Trump! de Robert de Niro en una entrega de premios. Pues en ese patio escolar de infantes agarrándose a patadas y mentándose la madre, ya vimos quién ganó. Algo parecido nos recordaba Gabriela Warkentin en un tuit serio hace unos días: dejemos de pelear y empecemos a escucharnos. Alguien tiene que asumir su adultez en este entorno.

Quizá uno de los pilares sobre los que se ha de reinventar nuestra vida en pluralismo y libertad es precisamente el de la madurez política. Ello quiere decir que reconozcamos que la solución a los problemas es mucho más compleja que tan sólo vencer a los adversarios. Reconocer también que presenciamos una gran aceleración y profundidad en los retos sociales, y que la mayor parte de las soluciones y enfoques del pasado son insuficientes.

Que más nos vale asumir que la incertidumbre es uno de los principios organizadores de nuestras sociedades, especialmente en el momento actual, en que los impulsos del cambio tecnológico, político y económico son tan intensos y están operando al mismo tiempo. Esto no quiere decir solamente que no sepamos qué va a pasar, sino que hay cosas (como quién va a gobernar) que deben estar fundadas en el valor de la incertidumbre, y debemos hacer todo lo que haga falta por defenderlo.

Ante esta incertidumbre, no hay más que prepararse y trabajar. Menos por evitar el error y más por construir la solución. Menos por eludir o ignorar la incertidumbre, y más por entenderla y acotarla.

Trabajar en ser adultos, en reconocernos como iguales dentro de nuestras diferencias, y en utilizar el cambio tecnológico a profundidad, como instrumento de enorme potencial, pero de efectos aún inciertos.

POR ALEJANDRO POIRÉ

*DECANO ESCUELA DE CIENCIAS SOCIALES Y GOBIERNO TECNOLÓGICO DE MONTERREY

@ALEJANDROPOIRE

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