Macron y la mujer perfecta

Una ola de misoginia y sexismo recorre la política en Francia, aunque también existen expresiones de solidaridad a la nueva pareja presidencial francesa.


El presidente de Francia, Emmanuel Macron, de 39 años de edad, está casado con Brigitte Trogneux, de 64 años. El hecho de la diferencia de edad de 24 años entre ellos ha provocado un escándalo en medios de comunicación y memes a escala mundial, y al mismo tiempo, una fascinación con la historia que colinda, dicen algunos, en la perversidad.

Una ola de misoginia y sexismo recorre los bajos fondos de la política y la sociedad en Francia, aunque también ha habido importantes expresiones de solidaridad y apoyo a la nueva pareja presidencial francesa.

Brigitte estuvo casada anteriormente con un banquero, con quien procreó tres hijos y ahora tiene siete nietos. Los hijos de ella son contemporáneos del esposo de su mamá y ahora Presidente de la República e, incluso, estudiaron juntos en la misma escuela de jóvenes. Los medios han señalado reiteradamente que Brigitte fue profesora de Macron en sus días de estudiante en una escuela donde, como alumno, compartía el salón de clases con la hija de ella. Sin embargo, toda la familia se incorporó a la campaña presidencial, como parte del equipo central del candidato. Empezaron a organizar eventos desde que Macron anunció lo que parecía ser, en un inicio, una candidatura condenada al fracaso, por quijotesca y por carecer del apoyo de un partido político tradicional.

La situación matrimonial de Donald Trump y su esposa Melania de ninguna manera ha atraído la misma atención, ni con la misma sorna (o, en todo caso, la sorna es otra), no obstante que tienen, también, 24 años de edad como distancia entre ellos, con la marcada diferencia de que él es mayor que ella. Más bien los comentarios sobre Trump y Melania han girado en torno a la subordinación de ella hacia él, con especulaciones rutinarias, soeces y comunes sobre las razones que tuvo una emigrada de Europa central para casarse con un estadounidense próspero. Lo que se ve como normal en el caso de Trump, es considerado inusual y hasta extraño o poco aceptable en el caso del francés.

Pero así como Donald Trump es considerado normal y está en- cabezando un gobierno que va directamente a un precipicio, Macron es insólito y exitoso, en lo personal y en lo político. Para hacer lo que hizo Macron en Francia, se requiere ser poco menos que rebelde a las normas tradicionales de la sociedad.

Aún no se ha divisado con la profundidad que merece el desafío que representa Macron al pensamiento y las normas de Francia, Europa y al mundo político en general.

Tres señalamientos ilustran lo que pudiera significar ese reto. Uno: que ganó la Presidencia de su país enfrentándose a los partidos tradicionales de izquierdas y derechas, y derrotándolos en su propio terreno: el electoral. Eso, a pesar de que fue ministro de Finanzas del gobierno nacional, a los 37 años. Es como si un candidato independiente ganara la Presidencia en México.

Este hecho lleva al segundo señalamiento: las plataformas ideológicas de izquierdas y derechas, como se han entendido tradicionalmente, perdieron la escucha de la sociedad. Ya no le hablan a la gente, porque ya no están defendiendo el interés común colectivo. Esos partidos, emanados del mundo de la Guerra Fría, y del enfrentamiento entre capitalismo y socialismo, discurren sobre asuntos y problemáticas que, en la cabeza de muchos, ya no existen o no son tan relevantes como lo fueron en algún momento de la historia. Incluso, emplean un lenguaje discordante con los tiempos.

Y, como tercer señalamiento, ese interés colectivo común ahora pasa por temas como globalidad versus mercado interno, intregracionismo global contra una identidad nacionalista, apertura de sociedad y fronteras o exclusión y proteccionismo. No son los temas que las plataformas políticas partidistas atienden cómodamente y, por tanto, no reciben la escucha de la mayoría de ciudadanos.

El debate entre capitalismo y socialismo dejó de ser el asunto definitorio del presente y futuro, y hoy presenta más las cuestiones de cómo construir una prosperidad incluyente en el aquí y ahora, junto con los temas valóricos sobre la asunción de comunidades diversas, racial, cultural, sexual y económicamente.

Macron también expresó su intencionalidad de sacudir el estatus quo, a través de su auto representación como persona, al casarse con una mujer 24 años mayor. Desafió la lógica normal y usual de la sociedad rutinaria, propinándole una uppercut más o menos contundente. Para un rebelde que desafió la comodidad del establishment político de Francia, parece que escogió a la mujer perfecta para acompañarlo.

Ricardo Pascoe Pierce

ricardopascoe@hotmail.com

@rpascoep

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