¿Y por qué Meade?

José Antonio Meade sigue siendo la carta fuerte de Luis Videgaray, lo que cuenta mucho… y seguirá contando


Los analistas bisoños afirman que el secretario de Hacienda, José Antonio Meade podría ser el candidato ideal a la presidencia de la República en el 2018, si el criterio del presidente Enrique Peña Nieto para seleccionar a su sucesor fuera el desempeño de la economía. Y enumeran las virtudes del funcionario en esa materia.

Se les olvida, sin embargo, que el arquitecto financiero en esta administración, el diseñador de las reformas estructurales que le han dado impulso económico al país – mediocre, pero al fin impulso–, no fue Meade sino Luis Videgaray, a quien Gamboa no incluyó en la talis de posibles candidatos, aunque algunos observadores financieros todavía no lo descartan por completo.  Se les olvida también que el país no enfrenta una crisis financiera que requiera de un tecnócrata que la resuelva – como ocurrió cuando José López Portillo dio el dedazo en favor de Miguel de la Madrid, y éste en favor de Carlos Salinas para darle continuidad al negocio, perdón, al cambio estructural de la economía–, sino que el momento político que vivimos hoy es el más delicado para el nuevo PRI del Siglo XXI. Y Meade de político tiene muy poquito, por no decir que nada, apuntan los observadores. Es honesto, preparado, buena gente… ha sido el funcionario que más secretarías ha ocupado en los últimos siete años (Energía y Hacienda con Calderón; Relaciones Exteriores, Desarrollo Social y Hacienda nuevamente con Peña Nieto), pero en algunas de ellas pasó con más pena que gloria, como en Relaciones Exteriores, donde puso a la diplomacia por los suelos, según algunos diplomáticos de carrera. Lo suyo, lo suyo pues, son las finanzas y no la grilla y la tenebra, insisten los observadores políticos.

Cuando el presidente Enrique Peña Nieto lo mandó a la secretaría de Desarrollo Social en sustitución de Chayito, para que utilizara a esa dependencia como plataforma de lanzamiento para construir su candidatura presidencial,  Meade no supo cómo utilizar los multimillonarios recursos de la Sedesol para que el tricolor arrollara en las elecciones del 2016; el nuevo PRI del Siglo XXI sufrió la más humillante derrota de su historia que cuasi lo deja moribundo,  por lo que lo que a Meade lo regresaron a Hacienda, de dónde nunca debió haber salido, afirman sus detractores. Le pasó lo mismo que a Ernesto Cordero, quien en la pasada administración pasó de Hacienda a Sedesol en un desesperado intento de Felipe Calderón porque creciera políticamente su delfín fallido, agregan. Sin embargo, José Antonio sigue siendo la carta fuerte de Luis Videgaray, lo que cuenta mucho… y seguirá contando.

A juicio de los observadores políticos objetivos e imparciales, el presidente Enrique Peña Nieto tendrá que decidir quién de los cuatro fantásticos cuenta con experiencia probada que pueda disputarle los votos al vendaval tabasqueño.
Así que.

 

Columna anterior: ¿Por qué Osorio?

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