PAN y PRD ambición y tentación

El PAN y el PRD perdieron la brújula; abandonaron su función primordial de oposición; dirigentes han cedido a la tentación del dinero y del poder


El PAN con 78 años de vida y el PRD con 28, viven desde hace por lo menos un lustro la peor etapa de su existencia. Desde la elección presidencial del 2012 no había en el horizonte nada que permitiera suponer una mejoría en la grave enfermedad de guerra por el poder y por el dinero que amenazaba la estabilidad interna de ambas organizaciones políticas.

A pesar de ello, ambos partidos registraron ayer ante el INE el Frente Ciudadano por México con miras al proceso electoral del 2018. A juicio de los observadores políticos objetivos e imparciales, dicha alianza permitirá al PRD extender su agonía, y al PAN seguir en el pantano de pugnas internas del cual no ha logrado salir desde que perdió la presidencia en 2012; mientras más manotean y patalean los panistas, más los cubre la inmundicia.

La salida de Andrés Manuel López Obrador —anunciada en el Zócalo de la ciudad de México el domingo 9 de septiembre de 2012—, debilitó al PRD y fue el banderazo de salida para que se agudizara la desbandada, que este año se convirtió en diáspora, de las hordas, bandas, tribus, pandillas, mafias… que forman la militancia dura de esa organización, que buscan, unas adherirse a Morena, y otras encaramarse a la presidencia del partido, dominada por la secta de Los Chuchos.

En lo que se refiere al escenario de la derecha, el PAN conserva el monopolio, por más que sus dirigentes y militantes naveguen con bandera de centristas para no asustar al electorado.  Y dicen los que saben que, si bien la fractura interna es real, no existe un verdadero riesgo de escisión que pueda provocar el desprendimiento de cofradías y la formación de otro partido. No habrá dos o tres versiones del PAN, pero ya existe en la práctica política panista el abandono de sus antiguos principios doctrinarios.

El pragmatismo político puro y duro, así como la ambición de poder por el poder mismo, y de los dineros, son los motores que impulsan las acciones en las filas de los herederos de Manuel Gómez Morín, y uno de ellos, el expresidente Felipe Calderón Hinojosa, tiene el dudoso honor de ser el principal promotor de las pugnas a muerte que tienen al PAN al borde del precipicio. Incapaz de trabajar como factor de unidad para sus correligionarios, Calderón ha preferido encabezar a un grupo incondicional que pretende apoderarse del partido a como dé lugar, y lo único que ha conseguido hasta ahora es atizar la hoguera de las divergencias.

Por desgracia para la incipiente, frágil y quebradiza democracia mexicana, el PAN y el PRD perdieron la brújula; abandonaron su función primordial de oposición; sus cúpulas dirigentes han cedido a la tentación del dinero y del poder; sus más importantes cuadros militantes se declararon en guerra interna, y consecuentemente el futuro para ambos no sólo es incierto sino tormentoso, con frente o sin él.

Así que.

Columna anterior: Anaya, parecido con Maduro

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