La triste y penosa realidad

Cientos de municipios se encuentran en condiciones de abandono y pobreza, que salen a relucir cuando ocurren temblores, huracanes y otras catástrofes

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Además de muerte, desolación, hambre, dolor y tristeza que sufren los habitantes de varios municipios de Oaxaca y Chiapas, el terremoto del jueves pasado mostró una triste y lamentable realidad: Que a pesar de los billones de pesos que en los últimos 25 años la Secretaría de Desarrollo Social y otras dependencias han destinado a combatir la pobreza, la desigualdad y otros males sociales que aquejan a unos 60 millones de personas, la mayoría siguen en la miseria.

En estos lamentables acontecimientos, producto de la naturaleza, afloran los varios Méxicos que existen y a los que se han referido no sólo los presidentes de la República sino también los personajes políticos de todos los partidos en sus promesas de campaña, discursos, declaraciones y sesudas reflexiones.

Sexenios van y sexenios vienen, en donde cada año se anuncian programas, acciones, presupuestos cada vez más mayores para combatir la pobreza y reducir la brecha de la desigualdad, pero los resultados son cuestionables. ¿A dónde fueron a parar esos billones de pesos? Preguntan los perplejos. Parte de ellos a las coladeras de la corrupción, o lo que es lo mismo, a los bolsillos de gobernadores, presidentes municipales, funcionarios federales y todos aquellos que participan en el reparto de la billetiza, quienes, además, en situaciones como las que hoy padecen Chiapas y Oaxaca, lucran políticamente con los apoyos que se otorgan. ¡No tienen madre! Diría Nelson Vargas.

Es enorme el rezago nacional en lo que toca a la solución de problemas, pero ningún otro asunto tiene tanta importancia, trascendencia, urgencia y peligro social como el de la pobreza, que es el flagelo número uno para 60 millones de mexicanos y mexicanas, la mitad de los cuales sobreviven, no en la pobreza, sino en la pobreza extrema; es decir: en la miseria, hemos comentado en numerosas ocasiones en esta columna.

Y también hemos recordado que, al tomar posesión del cargo, todos los presidentes de la República posteriores a la Revolución Mexicana incluyeron en sus discursos, unos con brevedad y otros de manera extensa, sentidas referencias a los pobres y grandilocuentes promesas para sacarlos de la marginación. Es posible que, en su momento, las palabras presidenciales hayan infundido una mínima esperanza en el ánimo de los millones de olvidados de la justicia social, pero ninguno de los depositarios del Poder Ejecutivo Federal logró el objetivo anunciado: Abatir la miseria en el país y reducir la brecha de la desigualdad. Hoy en los municipios de Oaxaca, Chiapas y Tabasco que fueron afectados por el terremoto, está la prueba de lo anterior. 

Pero cientos de municipios – de los casi 2 mil 500 que existe en el país—se encuentran en condiciones de abandono, pobreza y miseria, que sale a relucir cuando ocurren temblores, terremotos, huracanes y otras catástrofes provocadas por fenómenos naturales.

Así las cosas, cualquiera podría concluir que los varios Méxicos seguirán subsistiendo por los siglos de los siglos.

 

Columna anterior: ¡Que se le sube la leche!

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