Luces y sombras

Juárez no siempre fue héroe ni Díaz villano, y resulta refrescante confirmarlo

Verónica Ortiz / Ventana política / Heraldo de México

WASHINGTON, D.C. La historia, como la vida, no puede verse en blanco y negro. Está llena de colores y matices. Lo mismo aplica a los personajes. Salvo contadas excepciones de notoria beatitud o perversidad, toda biografía tiene virtudes y defectos, luces y sombras.

Esto queda patente con la impresionante obra Porfirio Díaz. Su vida y su tiempo del historiador mexicano Carlos Tello Díaz. La segunda parte, La ambición, abarca de 1867 a 1884, es decir, a partir del triunfo de la República y durante los gobiernos de Benito Juárez, Sebastián Lerdo de Tejada, Porfirio Díaz y Manuel González. Dos buenos y dos malos, según la historia oficial.

Pero no. Juárez no siempre fue héroe ni Díaz villano y resulta refrescante confirmarlo. Hay un episodio poco recordado, por anticlimático dice Tello, pero muy ilustrativo. Luego de la Intervención y el Imperio, los liberales conquistan el poder y borran políticamente a los conservadores. Sin embargo, en el bando liberal la victoria dio paso a la ruptura. ¿La razón? La reelección presidencial y el cambio de régimen.

A fin de restaurar el orden interrumpido, Juárez convoca a elecciones para todas las autoridades del país, incluido el presidente de la República. Hasta ahí todo marchaba bien, salvo por dos problemas.

Uno, la autopostulación del presidente Juárez a la Presidencia, tomando en cuenta que ya sumaba nueve años en el cargo. Dos, el planteamiento de una consulta a la nación, en forma de plebiscito sobre un conjunto de reformas a la Constitución que significaban pasar de un sistema más parlamentario a uno presidencialista.

Quienes estaban a favor defendieron la reelección de Benito Juárez y los que estaban en contra postularon la candidatura de Porfirio Díaz, el general más popular del Ejército de la República. Al final, la idea del plebiscito fue desechada y Juárez fue reelecto. Pero el efecto de la convocatoria fue tan explosivo que enfrentó a los liberales entre juaristas y porfiristas, después porfiristas y lerdistas y terminó 10 años después con la reconciliación de todos bajo el liderazgo del general Porfirio Díaz.

Fascinante el duelo de personalidades y la relación entre Juárez y Díaz. Dos oaxaqueños de excepción, unidos en la lucha contra la intervención extranjera y luego enfrentados en la defensa de la Constitución. Paradójicamente, Porfirio Díaz defendiendo la no reelección y el voto libre.

Estos días de guardar resultan propicios para releer con otra mirada.

Estado de derecho. La trágica muerte del ex presidente del Perú Alan García esta semana pone de relieve la importancia de una auténtica separación de poderes. ¿Se acabará la corrupción en Perú? Seguramente no. Pero los actos de corrupción son efectivamente perseguidos y castigados al más alto nivel por un poder judicial autónomo. Esta es la lección más poderosa.

 

Por VERÓNICA ORTIZ

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