Luces y sombras de 40 días

El despido de empleados del gobierno y el combate frontal al huachicoleo, 2 temas polémicos

Wilbert_Torre
Wilbert Torre / Serendipia / Heraldo de México

El gobierno de Andrés Manuel López Obrador ha cumplido 40 días, un lapso breve pero suficiente para revisar las luces y las sombras de la transición política que más expectativas ha despertado entre los mexicanos, al menos desde que Vicente Fox ganó la Presidencia en el año 2000.

Si fuera posible sintetizar en una frase las luces y las sombras de estos primeros 40 días, podría decirse que las primeras estarían representadas por la decisión intransigente de llevar a cabo las transformaciones complejas que la situación del país exige, en tanto que las segundas revelarían no sólo errores inherentes al ejercicio del poder, sino un evidente atropellamiento y una precipitación notable en la manera de poner en marcha las nuevas políticas públicas.

Quizá la principal duda y una de las sombras más importantes asoma detrás de la forma en la que han sido literalmente puestos en la calle miles de servidores públicos, con los peores modos. El nuevo gobierno ha incurrido en abusos al exigirles la renuncia amenazando con no pagarles sus salarios de enero y negarse a liquidarlos conforme marca la ley.

Además del flanco que se abrió la nueva administración respecto de miles de demandas legales que ya están en marcha, la Secretaría del Trabajo en el gobierno de López Obrador comenzará a laborar bajo la sospecha de que, como sucedió en la administración del presidente Peña, la ley podrá ser utilizada para cualquier cosa, menos para proteger a los trabajadores.

Los recortes de personal ya han comenzado a provocar crisis en las instituciones de salud, cuya plantilla tendrá que trabajar más con menos salario y menos recursos presupuestarios para hacer el trabajo que antes cumplían más empleados. La misma situación se replica en prácticamente todas las secretarías e instituciones federales.

Como suele pasar en todos los gobiernos, la administración obradorista se debate ahora mismo en la interminable pesadilla de las decisiones y los cómos para enfrentar la corrupción, la impunidad y, en los últimos días, el robo de combustibles en el país.

Pocas veces ha habido tantas coincidencias en un juicio: la guerra lanzada por el nuevo gobierno contra el robo de combustible era difícilmente postergable, no sólo por el alto costo en pérdidas por más de 60 mil millones de pesos al año, sino por la grave amenaza a la seguridad pública y nacional del huachicoleo, en términos de presencia y dominio territorial en el país entero.

¿Pero el inicio de la administración era el tiempo más idóneo para lanzar una guerra de esta envergadura?

Al hacerlo, López Obrador ha emulado la cruzada lanzada por Felipe Calderón tras pactar en la Casa Blanca, antes de instalarse en Los Pinos, la guerra contra el narcotráfico. Todos sabemos qué pasó.

Mientras pase gasolina por los tubos, habrá negocio, le dijo un huachicolero a Diego Osorno, en una entrevista.

La frase dimensiona el tamaño del reto y del conflicto que tiene enfrente López Obrador, poco más de un mes después de asumir la Presidencia.

 

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@wilberttorre

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