Los “vice” de México

Salinas, Córdoba Montoya y Videgaray concentraron un gran poder; todo el gabinete le tuvo respeto y miedo

Luis Soto
Luis Soto / Agenda Confidencial / Heraldo de México

¿Quién le habrá hecho creer al canciller Marcelo Ebrard que él es o podría ser el vicepresidente? ¿Quién le dijo que en México esa figura no existe? Que legalmente no exista en la Constitución, es otra cosa, pero en la práctica, en los últimos 37 años tres personajes han tenido esa función, y todos demostraron, con hechos, lo que aquél no tiene: experiencia, talento y poder, mucho poder.

En su momento, los tres vicepresidentes a los que nos referimos (Salinas, Córdoba Montoya y Videgaray) contribuyeron a la transformación de México por las trascendentes decisiones que tomaron, algunas atinadas, otras equivocadas, claro.

El primero (1982-1988) fue el artífice del cambio estructural que insertó a México en la globalización; el segundo (1988-1984) ejecutó implacablemente, que no impecablemente, durante seis años dichos cambios, y el tercero (2012-2018) fue el encargado de impulsar las reformas estructurales que abrieron nuevos horizontes de inversión al país, pero también de corrupción, mucha corrupción, al país.

Los tres vice concentraron un gran poder; todos los integrantes del gabinete, tanto legal como ampliado, ministros de la Corte, legisladores priistas, e incluso los integrantes de los organismos cúpulas empresariales les tuvieron respeto y miedo, mucho miedo. Marcelo Ebrard no puede ser vicepresidente, exista o no la figura, porque no le llega ni a los talones a los tres que hemos tenido. Que los paleros lo vean como tal, más aún, que desde hoy lo perfilen como candidato presidencial, es sólo por interés.

Ebrard es una figura importante en el actual gobierno, pero en los últimos 12 meses lo único que ha demostrado es que no tiene madera para el cargo. No ha destacado por sus conocimientos de los temas, ni tampoco por su habilidad política. En la crisis migratoria con Estados Unidos, cuando Donald Trump nos amenazó con aplicar aranceles a todos los productos que exportamos, convenció al presidente Andrés Manuel López Obrador de entregar el tesorito, aunque al puro estilo del Piojo Herrera convirtió la derrota en victoria.

Lo mismo ha querido hacer con el tema de la inseguridad en donde nuestros vecinos, preocupados porque México no tiene estrategia para combatir a la delincuencia organizada, nos han ofrecido ayuda, que han rechazado el Presidente y su canciller argumentando que no permitirán, bajo ninguna circunstancia que nuestros principales socios comerciales atenten contra la soberanía nacional. En las negociaciones del nuevo Tratado de Libre Comercio, la estrategia de aquel país ha sido ilusionar a los ingenuos de que ya merito lo ratifican, cuando la realidad es que el asunto sigue atorado. Lo que nadie puede negar es que actualmente el carnal Marcelo tiene influencia e injerencia -por los temas relevantes que se discuten con Estados Unidos, y por la ineptitud de las funcionarias- en las secretarías de Gobernación y de Economía. O sea, puede ser el súper secretario, pero nada más.

POR LUIS SOTO

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@LUISSOTOAGENDA

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