Los vacacionistas

En los últimos meses, decenas de exfuncionarios han contratado abogados para que “vean sus casos”

Peniley Ramírez / Linotipia / Heraldo de México
Peniley Ramírez / Linotipia / Heraldo de México

Estoy de vacaciones, dijo mi fuente al teléfono. Podemos vernos la próxima semana, repliqué. No, es que no sé cuánto van a durar mis vacaciones.

Nos quedamos en silencio. Había en su respiración una calma espesa, de las que anticipan malas noticias. Van por mí, estoy en la lista, añadió finalmente.

Pasó la siguiente media hora explicándome por enésima vez su caso, lo que hizo, lo que vio, lo que en su momento dijo a sus jefes, lo que ahora teme.

Era la tercera fuente en dos semanas que me decía: estoy de vacaciones, no sé hasta cuándo. Cada uno, por su cuenta, preguntó ¿cómo ves las cosas? ¿Qué crees que va a pasar?

Llevo meses engrosando una lista, hablando con abogados, siguiendo los adelantos de investigaciones que funcionarios del gobierno obradorista han filtrado a periódicos, organizaciones, conductores, columnistas.

La prensa mexicana hoy es una cacería de próximas víctimas, de procesos que se abren, de empresas, esquemas, exfuncionarios que son investigados.

El gobierno federal lo sabe, y así lo está usando.

Hay un denominador común: la mayoría de las investigaciones actuales son retomadas de casos que se iniciaron, y algunos concluyeron en fiscalías locales o ámbitos administrativos federales, en el sexenio pasado. Su reactivación hoy sirve para sostener un discurso y para alimentar a la prensa, para saciar el apetito de la primicia sobre el próximo investigado que se convertirá en trending topic.

Hay otro denominador. En cada caso que he seguido, lo que ahora se procesa parece tangencial, un mínimo escaño en un esquema profundo, que no se toca, porque cada proceso judicial se enfoca en la superficie, en los procedimientos incumplidos, no en los grandes y añejos mecanismos para sangrar al erario.

Debe ser así, me dicen en el gobierno, porque necesitan algo concreto con qué procesar, y los periodistas, con qué llenar titulares.

Por eso no me pareció extraño que Rosario Robles fuera sujeta a prisión preventiva por el caso La Estafa Maestra, que reveló Animal Político y Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad.

Unas horas antes, me dijo una fuente cercana al caso, un expresidente de México le advirtió que no fuera a la última audiencia, que tenía información de que la detendrían. Otra fuente me aseguró que sus abogados le advirtieron que no se presentara a las audiencias ni siquiera a la primera, que lo más atinado era ampararse. Pero ella no quiso. Dijo que daría la cara, a su defensa y a los periodistas que la abordaron.

Robles es la excepción. En los últimos meses, decenas de exfuncionarios, de mediano y alto nivel, han contratado equipos de abogados para que vean sus casos, se han amparado, se han ido de vacaciones. Muchos más, cuando los consultamos desde la prensa, dicen llanamente: no quiero alzar la cabeza, no quiero criticar públicamente, no quiero que se fijen en mí.

POR PENILEY RAMÍREZ

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@PENILEYRAMIREZ 

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