Los setenta: la violencia no triunfó

Las guerrillas fueron derrotadas y el Partido Comunista optaba por la vía electoral desde 1976, aun sin reconocimiento oficial

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Arturo Sánchez Gutiérrez / Decano Escuela de Gobierno del Tec de Monterrey

Los años setenta empezaron con todo tipo de contrastes. Estaban frescos los recuerdos del 2 de octubre de 1968, cuando el 10 de junio de 1971 tiene lugar el llamado Halconazo que recrea Alfonso Cuarón en la película Roma.

Eran años en los que el Partido Comunista estaba activo en la clandestinidad y la Liga Comunista 23 de Septiembre había intentado, sin éxito, tomar violentamente el cuartel militar de Madera en Chihuahua, en 1965.

Ese México era muy diferente. La UNAM se había transformado, el marxismo-leninismo constituía el marco teórico del análisis político y económico, y se debatía sobre la lucha de clases en México.

Los buenos eran los proletarios y los malos eran los burgueses; los revolucionarios buscaban acabar con el capitalismo y en las manifestaciones se gritaba: La huelga / inicia / la lucha socialista.

En ese contexto, había grupos que habían optado por la vía de la violencia como camino para realizar el cambio en México. En Guerrero estaban activas las guerrillas de Lucio Cabañas y la de Genaro Vázquez Rojas. También había formas de guerrilla urbana que realizaban robos a bancos y secuestros de empresarios para financiar sus actividades.

Otros grupos buscaban que el cambio se realizara a través de la vía institucional, a través de múltiples organizaciones sociales que pugnaban por el sindicalismo independiente y democrático, entre otras batallas.

El presidente Echeverría había contribuido a la polarización entre los sectores sociales, particularmente por su desencuentro con el sector empresarial, sus posiciones ante los movimientos sindicales y su política internacional a favor del tercermundismo.

Con todo, el Estado actuaba fiel a su carácter autoritario, represivo, y ciertamente sin respeto a los derechos humanos. En ese contexto, la Liga Comunista 23 de Septiembre asesinó a don Eugenio Garza Sada.

Hoy, la torpeza de un director del INEHRM, Pedro Salmerón, y el oportunismo mediático de un diputado, Gerardo Fernández Noroña, abren una herida, sesgan con adjetivos la historia, ofenden la memoria de un notable empresario y provocan reacciones que, otra vez, polarizan y no reconcilian. Lo cierto es que en la lucha de aquellos años los mexicanos optamos por la vía pacífica para dirimir los problemas, al tiempo que el sistema se abría con la reforma político-electoral de 1977.

Las guerrillas fueron derrotadas y el Partido Comunista optaba por la vía electoral desde 1976, aun sin reconocimiento oficial y después con su registro en las elecciones de 1979.

A partir de entonces, durante los años del neoliberalismo, se construyeron las instituciones con las que México transitó a la democracia, logró la autonomía del Banco de México, construyó las bases para la transparencia y el acceso a la información pública, entre otros muchos logros.

Ganó el camino de la vía pacífica y la institución que creó don Eugenio Garza Sada, el Tecnológico de Monterrey, perdura con éxito.

POR ARTURO SÁNCHEZ GUTIÉRREZ
DECANO ESCUELA DE GOBIERNO, TEC DE MONTERREY
@ARTUROSANCHEZG

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