Los sembradores de odio

Si el discurso del odio viene desde el poder público, las consecuencias pueden ser inimaginables

Héctor Serrano Azamar / Colaborador / El Heraldo de México

Los mismos que, durante más de una década, lucraron con los sentimientos de la gente para ganar batallas electorales; hoy se quejan de lo que cosecharon.

Le apostaron a dividir al país entre los buenos y los malos; los buenos son ellos, los malos son todos los demás que no piensan igual.

Lentamente, con cada discurso, con cada declaración, con cada palabra, fueron preparando el terreno fértil para la confrontación.

Se aprovecharon de la desesperanza de los ciudadanos, quienes no encontraron en sus gobernantes otra cosa que no fuera corrupción e ineficacia, por eso fue fácil prometerlo todo.

Ante los malos resultados de gobiernos pasados, vendieron a su pueblo la falsa idea de que todo cambiaría con su llegada, como por arte de magia, prometieron una sociedad justa y equitativa, donde todos convivirían en armonía, aseguraron que en el pasado todo fue malo y que era necesario derrumbar las instituciones y los equilibrios para dar paso al poder absoluto de una nueva clase política que, bajo la dirigencia de su líder máximo, casi espiritual, lleno de virtudes y sin defectos, sacaría a la nación del atolladero, juraron que la paz sería consecuencia ineludible de su ejemplo y su bondad…

Pero no fue así.

El discurso de odio que con tanto esmero sembraron, hoy produce tempestades, le apostaron a radicalizar a los suyos para que los defendieran más allá de la razón, y lo lograron, pero al mismo tiempo alimentaron la animadversión en su contra, la de aquellos que se sintieron ofendidos por sus palabras, por sus acciones, pero sobre todo por sus ideas.

Una sociedad confrontada por ideologías políticas sólo conlleva al caos, la falta de tolerancia hacia el adversario genera odio y resentimiento, ahora cada fracción cree poseer la verdad absoluta y juran dar batalla sin cuartel al que consideran su enemigo.

Si el discurso del odio viene desde el poder público, las consecuencias pueden ser inimaginables. Quien ostenta el poder está obligado a conducirse con la verdad, con inteligencia y, sobre todo, con prudencia, es su deber primordial apostarle a construir instituciones sólidas y no de alabanza a su figura. No debe conducirse como si su poder fuera sempiterno y mucho menos debe referirse a sus gobernados con descalificativos ni calumnias, de quien gobierna es la absoluta responsabilidad el caos de su país; presente o el que se dé a futuro por sus decisiones.

Los sembradores de odio hoy señalan a los agraviados de sus acciones como si ellos fueron los únicos responsables de lo que pasa, ya no se les ve tan contentos ni tan cómodos.

El mundo ideal que construyeron, donde gobernarían para siempre, parece que poco a poco se derrumba, están perdiendo el apoyo de la gente que ya muestra síntomas de un nuevo hartazgo, pero esta vez es contra ellos, los nuevos dueños del poder.

¿De quién habló?

¿De qué país?

¿De qué tiempo?

En eso puede ayudar usted a responder.

POR HÉCTOR SERRANO AZAMAR

COLABORADOR

@HSERRANOAZAMAR

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