Los que visten de negro

La historia de Sergio Meza, ladrón de combustible en Tabasco, es el mundo al revés: en lugar de estar en la cárcel, es prestador de servicios de Pemex


Uno de los célebres episodios de la serie Breaking Bad termina con una hazaña trágica: tras consumar el robo perfecto de un cargamento de metilamina en el vagón de un tren, Walter White y su pandilla celebran en el desierto cuando de ninguna parte aparece un niño en una moto, y Todd, un pelirrojo de no confiar, le dispara para no dejar pistas.

La historia de Sergio Meza, ladrón de combustible en Tabasco, es el mundo al revés: su trabajo criminal ha formado una estela de huellas más llamativas que los trocitos de pan depositados en el camino por Hansel y Gretel, y a pesar de todas las evidencias (y de un grueso expediente de investigación oficial), en lugar de estar en la cárcel, es prestador de servicios de Pemex con la maquinaria que ha comprado chupando combustible de los ductos de la paraestatal.

Había prometido no emplear nunca más el cliché del México kafkiano, pero esto parece imposible en el país de los imposibles:

Sergio Meza fue detenido dos veces en 2013 y 2015; era parte de una banda de narcomenudistas y sobrevivió a un ajuste de cuentas en el que murieron veinte personas.

Las investigaciones del personal de Pemex consignadas en un expediente lo citan como líder de una banda de ladrones de combustibles llamada Los Carpinteros, y autor intelectual del asesinato de varios integrantes de un cartel michoacano.

Ninguna de las dos ocasiones estuvo encerrado demasiado tiempo. Un juez federal le concedió un amparo.

El expediente es un monumento al detalle. Cita, por ejemplo, el sitio donde vive y trabaja este grupo: Ejido Pejelagartero, segunda sección, Huimanguillo Tabasco, exactamente a un costado de la caseta de cobro de Sánchez Magallanes.

La carpeta presenta una imagen del líder y fotografías de una decena de hombres de su banda criminal. En el expediente aparecen fotos de su casa, una residencia de campo con tres arcos frontales, y referencias de que ha tomado como refugio un establecimiento de limpieza de autos. La información señala que Meza y sus hombres tienen relación con policías locales, soldados y marinos. Para más señas los sabuesos de Pemex declaran: Son los que visten de negro.

Leía en un texto de Luis Carriles que el robo de combustibles en México – sí, sorpréndanse– ha cumplido veinte años, lo que implica más de tres gobiernos. Solo entre 2011 y 2012 el mercado negro involucró más de 55 mil millones de pesos.

¿Por qué después de dos décadas este robo tamaño elefante continúa drenando los ductos de Pemex?

Porque es posible. Por el mismo motivo por el cual miles de personas, cientos de activistas en derechos humanos y periodistas han sido asesinados: porque se puede. Porque la impunidad lo hace posible.

Porque tienen las fotografías de sus rostros, porque tienen sus nombres, porque saben donde viven.

Porque hasta saben que visten de negro, y nadie los detiene.

Columna anterior: Delfina y Del Mazo

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