Los pesos y contrapesos en el ejercicio del poder en México

Pareciera que el pueblo quiere regresar donde la voluntad del Ejecutivo sea la última palabra

David Mendieta / Director de Mesa de Control y Propiedades Digitales en Metrics / Colaborador
David Mendieta / Director de Mesa de Control y Propiedades Digitales en Metrics / Colaborador

Durante más de 70 años, México vivió un sistema político presidencialista en donde el Ejecutivo ejercía el poder a través de las facultades contenidas en la Constitución y las denominadas facultades metaconstitucionales, que propiciaron un ejercicio de la gestión pública ajena a los pesos y contrapesos.

La idea de pesos y contrapesos pretende que el ejercicio del poder se distribuya entre varios cuerpos gubernativos, para evitar que un poder abuse de los otros o que exista una gran concentración de facultades en uno solo.

En México, la concentración del poder en el Ejecutivo se dio no por el andamiaje institucional, sino por la manera en que se gestó el sistema político en su conjunto. En el año 2000, con el triunfo de la oposición (PAN), tras vencer al partido hegemónico (PRI), el Ejecutivo cedió el control sobre las elecciones y el poder para designar a su sucesor, dejó de dominar a los gobernadores y presidentes municipales, perdió el mando del Congreso y de la Suprema Corte de Justicia.

Las facultades metaconstitucionales del Presidente se fueron acotando en la medida en que se avanzaba rumbo a la transición democrática.

Los resultados de las elecciones del 1° de julio de 2018 y del 2 de junio de 2019 suponen dejar atrás la pluralidad política alcanzada y afianzar el regreso a un gobierno autócrata a cargo de Morena, como partido hegemónico, sin pesos ni contrapesos en el ejercicio del poder.

Se pensaba que no volveríamos a tener un sistema presidencial en donde se pusiera en riesgo la división de poderes, pero los votos y la popularidad alcanzada por el actual Presidente han hecho que de nuevo estemos frente a este fenómeno político.

El problema radica en que la democracia en México no garantiza un equilibrio en el ejercicio del poder y la solución no está en cuestionar el diseño del sistema presidencial, sino en exigir la eficacia en la rendición de cuentas y los mecanismos de colaboración entre poderes, responsabilizando cada una de sus acciones.

En las próximas elecciones se verá si queremos seguir fortaleciendo un régimen presidencial sin pesos y contrapesos, o consolidar una democracia que conlleve a un Congreso y gobiernos locales plurales, órganos constitucionales autónomos y poderes fácticos que sirvan de contrapeso.

Pareciera que el pueblo quiere regresar a un presidencialismo en donde la voluntad del Ejecutivo sea la última palabra, afianzar un partido único y olvidar el alto costo que ha generado la lucha por la democracia.

El poder de revertir esta tendencia que por muchos años se instauró en nuestro país y que tanto daño causó a nuestros derechos fundamentales, la tiene el electorado y la sociedad civil porque para que no se pueda abusar del poder, es preciso que el poder detenga al poder (Montesquieu). Requerimos una democracia plural, representativa e incluyente con un equilibrio de poderes que evite los abusos de la clase política y fomente la transparencia.

POR HILDA NUCCI

COLABORADORA

@HILNUCCI

¿Te gustó este contenido?