Los niños son los adultos en el cuarto

Los jóvenes protestan, gritan, bailan y cantan y después de varios discursos caminan hacia el congreso estatal para pedirle al gobernador republicano de Massachussetts, Charlie Baker, que declare una situación de emergencia climática

Pedro Ángel Palou / Heraldo  de México
Pedro Ángel Palou / Heraldo de México

Ayer 20 de septiembre acompañé a mi hija a la huelga o el paro por el clima de la que ella es coorganizadora en Boston. Solo en Estados Unidos más de 650 eventos similares detonaron la conciencia de los más jóvenes siguiendo a una niña callada en la escuela, Greta Thurnberg que un día decidió empezar a hacer huelga todos los viernes, no yendo a la escuela, sino ante oficina gubernamentales en una protesta permanente, esperando despertar a las autoridades.

Es hermoso ver a los jóvenes congregarse, es aún más esperanzador ver sus conciencias despiertas. Cuando cada estudiante hace su propia pancarta solo un recorrido por ellas da cuenta de la inteligencia, la plena conciencia del problema y también de los vislumbres de solución que estos adolescentes tienen, como en ninguna otra época de la humanidad, debido a la información.

En sus teléfonos estos muchachos tienen a la mano información precisa y abundante que saben discernir. Una pancarta, por ejemplo, era clara: Matemos al capitalismo antes de que nos mate, otra más: Los combustibles fósiles nos convertirán en fósiles, más allá un niño de apenas ocho o nueve años ha dibujado un planeta maltrecho y dice: Estudio para el futuro que están destruyendo hoy

Otra, de un adulto. Una mujer de sesenta: Ponte en huelga como un joven de 16 años. Lecciones disponibles. La ciencia es patriótica o incluso: Al cambio climático no importa si crees

Y es que esta es exactamente la lección. O las lecciones. Este movimiento, me parece, es imparable, y tendrá muchas ramificaciones. La ciencia es verdad, dice el letrero de un joven afroamericano con lentes que seguramente es el más aplicado de su clase.

Todos han venido a demostrar, a protestar, a pesar de las autoridades de muchos de sus colegios que decidieron considerar sus ausencias del viernes injustificadas y penalizar así el movimiento o peor aún descorazonar a muchos de venir.

Tienen miedo de que se desordenen sus actividades. De hecho, el director de la escuela de mi hija dijo que él es consciente porque tiene hijos. Como los que dices que no son racistas porque son amigos de un afroamericano o no son homofóbicos porque son amigos de un gay.

Peor aún, dijo: Si quince alumnos se van no me importa, pero si medio colegio hace huelga tendríamos un problema. Ese es precisamente el asunto, señor director, que miles se manifiesten y hagan valer sus derechos. Si en una huelga solo unos trabajadores paran y los demás siguen trabajando, no hay huelga. ¿Alguna vez ha tenido usted que participar en una?, me pregunto. 

Los jóvenes protestan, gritan, bailan y cantan y después de varios discursos caminan hacia el congreso estatal para pedirle al gobernador republicano de Massachussetts, Charlie Baker, que declare una situación de emergencia climática. Los críticos saben que Baker tiene intereses con lobistas de las compañías depredadoras y que difícilmente se pondrá del lado de la energía verde. 

 Contagia esta emoción colectiva, pero sobre todo contagia el empeño que estos jóvenes han puesto en el evento, la atención al detalle (por ejemplo, que la gente con discapacidad tenga baño, acceso a ver y escuchar a los oradores cerca del estrado, que los manifestantes tengan acceso a servicios de emergencia, a comida y agua durante el tiempo del evento). 

Esta marcha y huelga convocada por jóvenes ha traído también a lo más variado, iglesias evangélicas, grupos de protección de derechos humanos, ambientalistas, grupos indígenas, y miles de estudiantes adolescentes. Nos están enseñado más de lo que aprenden en las escuelas. La pregunta más esencial es si sabremos escucharlos a tiempo.

Esta -hay evidencia científica al respecto- puede ser la última generación que pueda revertir los daños al planeta antes de que sea demasiado tarde y solo aprendamos a sobrevivir entre los estertores de la Tierra. De hecho hubo, claro, más pancartas y más ideas. Las más importantes es que no hay lucha climática que no pase por la justicia climática, la prosperidad compartida, la justicia racial y los derechos humanos.  Sentí que tenemos esperanza.

La lección más grande: son ellos, los jóvenes, los que están asumiendo una responsabilidad a la que nosotros, tristemente, renunciamos. Que vivan los jóvenes.

PEDRO ÁNGEL PALOU

COLABORADOR

@PEDROPALOU

edp

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