Los hilos ocultos de la corrupción

En gobiernos previos, las embajadas y consulados de México en el mundo eran utilizadas como zonas de exilio en donde recalaban los políticos en desgracia

Los hilos ocultos de la corrupción

Andrés Manuel López Obrador izó la bandera de una guerra total contra la corrupción y logró una victoria aplastante con el respaldo definitivo de la clase media. Votó por él la mayoría de los jóvenes entre 26 y 35 años con más escolaridad e ingresos.  

Para cumplir con la expectativa ciudadana de aplastar el sistema de corrupción, AMLO no solo necesita ser coherente y respaldar sin regateos una fiscalía autónoma que impida a un presidente con todos los hilos del poder –como será López Obrador–, ordenar una justicia selectiva.

Además, políticamente, López Obrador tendrá que derruir dos de las cabezas más visibles de la corrupción institucional:

1.- El sistema de corrupción institucionalizada que en el actual gobierno facilitó el desvío de fondos públicos por medio de triangulaciones y la creación de empresas fachada o fantasma involucradas en operaciones de evasión de impuestos y lavado de dinero.

2.- Debe desarticular el sistema de reparto de chambas dentro del servicio público.

La organización Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad dio a conocer una investigación que reveló que hijos, parejas, papás, sobrinos, tíos y hasta suegras de al menos 500 jueces y magistrados del Poder Judicial ocupan plazas en tribunales y juzgados.

En gobiernos previos, las embajadas y consulados de México en el mundo eran utilizadas como zonas de exilio en donde recalaban los políticos en desgracia.

Este gobierno no recurrió al exilio diplomático: lo universalizó y a diferentes países llegaron a ocupar altas plazas del Servicio Exterior Mexicano un número escandaloso de familiares de altos funcionarios.

Se beneficiaron familiares de secretarios de Estado, gobernadores y otros servidores públicos con influencia en las altas esferas del poder.

Con una frecuencia alarmante, los consulados y embajadas han sido utilizados para otorgar plazas de la diplomacia –en un rango entre los 3 mil y los 9 mil dólares–, por ejemplo, a la nieta de un ex procurador que había llegado a un destino para estudiar danza (¿y por qué no darle una buena chamba en sus ratos libres?) y al hijo de un ex gobernador veracruzano (Fidel Herrera), nombrado cónsul de negocios en el consulado mexicano en Vancouver, pese a no tener ninguna experiencia.

El mayor escándalo fue público: en abril de 2013, la hija de Francisco Rojas, entonces director de la Comisión Federal de Electricidad, era designada agregada de la Secretaría de Gobernación en la embajada de México en Washington. La beneficiaria además era esposa de Carlos Pascual, embajador de Estados Unidos en México.

En esta conducción facciosa y discrecional de la asignación de plazas no termina el uso político de los recursos del Estado.

En las zonas grises de la burocracia se volvieron comunes otras trampas que acompañaron a las antiguas aviadurías –las plazas donde se cobra sin presentarse a trabajar–, como la autorización de contratos de servicios –algunos por miles de dólares– para obsequiar a familiares y amistades, y cooptar adversarios.

Si en verdad desea hacerlo, AMLO puede tener al alcance de las manos los hilos ocultos de la corrupción.

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