Los herederos del campo

Los agricultores en México se hacen viejos; sus hijos serían el relevo natural y obligado, pero es necesario motivarlos

Estamos en aprietos, los trabajadores del campo se están haciendo viejos. En Estados Unidos, el promedio de edad de los agricultores es de 58.3 años, en Japón es de hasta 67; en México son ligeramente más jóvenes, 53 años, pero con la diferencia de que en aquellas naciones cuentan con acceso a máquinas y aplicaciones de alta tecnología, y aquí se siguen haciendo las cosas de manera rudimentaria.

En una reunión que sostuve con Mely Romero, subsecretaria Rural de la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (Sagarpa), quien por cierto es la primera mujer que ocupa una subsecretaría en el despacho de esta dependencia, me dijo que es de alertarnos porque la presión está en que para 2050 necesitaremos alimentar al menos a nueve mil millones de personas más en el mundo y México, como 12° productor mundial de alimentos, tendrá el desafío de aumentar su rendimiento agroalimentario.

¿Pero realmente los jóvenes quieren trabajar en el campo? La respuesta es que hay pocos, pero por lo menos tienen ubicados a siete millones que han nacido, vivido y aprendido técnicas ancestrales de trabajo por sus padres, abuelos y familiares.

Es decir, son los nuevos herederos del campo. Como dice Mely, son los nuevos rockstars, tienen entre 15 y 39 años, pertenecen a las generaciones Millenials y Z (nacidos entre 1980-1995 y 1996-2015, respectivamente) y comprenden el mundo a través de la tecnología: usan Facebook, Twitter, Instagram, Snapchat, Line y son fanáticos de las aplicaciones; en ambas generaciones están ansiosos por el crecimiento profesional.

La Sagarpa ya le puso el ojo a estos disruptores que podrían salvarnos de una hambruna en menos de 30 años, y para estimular su participación profesional y productiva, lanzó el programa Arráigate, un sistema de emprendedor rural. Por lo pronto el titular, encargado de despachar al sector agropecuario, José Calzada Rovirosa, trae en su bolsillo 550 millones de pesos para dar gestión empresarial y becas para estos jóvenes que son clave, porque ya están enamorados del campo y lo conocen bien.

La complejidad está en que este grupo de la población no está dispuesto a repetir la misma condición de sus padres, vivir en situaciones vulnerables en sus zonas rurales, se sienten inquietos, pero también son creativos. La Sagarpa detectó que, de los siete millones, la mitad por su condición económica busca una oportunidad de trabajo como inmigrante en Estados Unidos o en ciudades.
Difícil panorama.

Es una dura realidad. Tomemos en cuenta que dentro de 30 años los agricultores tendrán 84 años, lo que hace imposible enfrentar el desabasto en alimentos, urge desarrollar el interés por el campo en estas nuevas generaciones. Ellos deben saber que México ocupa el tercer sitio en producción agropecuaria en América Latina, por
lo que el campo puede ser negocio.

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