Los goles de la CNTE

¿Hacemos bien en poner en manos de la CNTE la redacción de las leyes secundarias?

Gabriel Baducco / Así de sencillo / Heraldo de México
Gabriel Baducco / Así de sencillo / Heraldo de México

Y,

¿qué esperaban, que el apoyo de los maestros hacia Andrés Manuel López Obrador durante la campaña presidencial no tuviera un precio?

La gestión de los brazos de AMLO en el Congreso hicieron posible una votación algo demorada, pero votación al fin, a favor de la Reforma Educativa. Ahora, con la necesidad de acordar las leyes secundarias, el Presidente debe pagar… y los maestros venden caro su amor.

La inconformidad de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) amenaza con lo mismo de siempre: volverse una pesadilla para casi cualquiera que intente ponérsele en el camino.

Hasta la llegada de López Obrador a la Presidencia, no habíamos visto un diálogo directo de los primeros mandatarios con este sindicato. Eso cambió ¿Hay otra fotografía como la del actual Presidente con los sindicalistas magisteriales en el patio central de Palacio Nacional?

En una carta del día lunes firmada por López Obrador, se le ofrece a la CNTE iniciar una serie de seis mesas de trabajo con el fin de analizar las demandas del magisterio y redactar, de manera conjunta, las leyes reglamentarias de la nueva Reforma Educativa. Nada menos. Ayer comenzaron. Pero eso no es todo.

Las promesas del Presidente deberían terminar, ahora sí, con la serie de tropiezos que ya todos conocemos y que, tantas veces, parecía un enfrentamiento entre distintos sectores de la sociedad y no entre el gobierno y un sindicato.

AMLO ofrece cuatro puntos. Primero, basificación a todos los maestros que trabajan en distintos regímenes y modalidades en la enseñanza pública, previo censo.

Segundo, un proceso de federalización de las plazas magisteriales y un modelo de homologación salarial, que tome en cuenta circunstancias laborales, regionales, sociales y culturales.

Tercero, definir la cantidad de alumnos de normal pública, los métodos de admisión y, con ello, otorgar plazas a todos los egresados.

Cuarto, un mecanismo de incentivos a la promoción de ascensos que considere antigüedad, experiencia y tiempo de trabajo en zonas marginadas y de descomposición social y reconocimiento al buen desempeño. Nomás con eso, la Coordinadora podría gritar: gol, gol, gol y gol otra vez.

Entonces, ¿así, ya con eso, asunto terminado? Como siempre, he aquí una batería de preguntas: ¿Es la palabra del Presidente la garantía de que así se votarán las leyes? ¿Se les está prometiendo a los maestros que la antigüedad en el servicio docente será un factor importante a tomar en cuenta para la obtención de ascensos y promociones? ¿No hubiéramos querido todos que el factor primordial fueran su capacidad y su desempeño? ¿Hacemos bien en poner en manos de la CNTE la redacción de las leyes secundarias cuando, en realidad, no son la mayoría de los maestros los que forman parte de ese grupo? ¿La promesa sobre otorgar plazas a todos los egresados normalistas, no es lo mismo que el pase automático? ¿Es una evaluación optativa lo que nos asegura una mejor calidad educativa?

No nos distraigamos: salvo meritorias excepciones, el nivel promedio de los estudiantes mexicanos es malo, muy malo. Todas las pruebas internacionales lo demuestran.

Repito una pregunta: ¿es la palabra del Presidente la garantía de que así se votarán las leyes según lo acuerdos con los maestros? Lo pregunto porque, al ver la reacción del Partido Acción Nacional, no es difícil suponer que la redacción de las leyes será una cosa, pero el consenso para votarlas, será otra.

Carlos Romero Hicks y Marko Cortés se han lanzado contras las negociaciones que el Presidente sostiene en lo oscurito con los maestros.

Y no perdamos de vista al Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) que, desde la acera de enfrente, no se quedará de brazos cruzados

Éste es un triunfo histórico de la CNTE, nadie debe verlo de otra manera. Hacerlo, sería más que ingenuo.

Así de sencillo.

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@GABRIELBAUDUCCO

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