Los gigantes de Irlanda del Norte

La famosa es la playa de prismas basálticos sobre la Causeway Coast, pero no hay que dejar fuera a Belfast, la capital, que tiene mucho por ofrecer.


La leyenda es harto conocida, pero no está de más recordarla velozmente: en una era mítica, el gigante escocés Benandonner retó al gigante irlandés Finn McCool a una pelea. En la batalla de nombres, el irlandés ya tenía la victoria, claro; pero como ni los gigantes ni los irlandeses son malos para la bronca, McCool construyó un puente de piedras sobre el Canal del Norte, para encontrar a su rival a medio camino.

En algunas versiones, McCool derrota al escocés; en otras, lo engaña para hacerlo pensar que es más grande que él; en todas, Benandonner huye a Escocia, destruyendo tras de sí el puente. Del lado escocés quedaron de aquella retirada unas formaciones rocosas en la isla de Staffa, de la que casi nadie ha oído hablar, acaso porque los vestigios del lado de Irlanda del Norte son patrimonio de la humanidad por la UNESCO, y el mayor atractivo turístico de ese país del Reino Unido: la famosa playa invadida de prismas basálticos de perfecta forma hexagonal, llamada, en honor a Finn McCool, Giant’s Causeway.

La verdadera historia de estos prismas es más aburrida, dirán muchos, pero eso es falso: involucra cataclismos volcánicos, milenios. Caminar sobre esas piedras de perfecta armonía geométrica no sólo sorprende a la vista: ¿cómo es que la caprichosa naturaleza es capaz de formaciones tan exactas? Uno camina sobre esos peldaños que unen a la nada del mar con las

playas que lo rodean, sin dejar de pensar que acaso otro gigante (más bien: otro volcán) podría reclamar el uso de esos pedestales de improviso, y empezar a moverlos bajo los pies.

Ese asombro es compartido con los miles de turistas que visitan la playa cada día, en buses que parten casi siempre desde Belfast. Y es un asombro que se extiende a esa ciudad, que hasta hace dos décadas era prohibitiva para turistas que no gustaran de la bronca extrema.

Hoy es una ciudad plácida, pero con cicatrices abiertas. El museo de Ulster, el mayor de la ciudad, dedica la mitad de su espacio a explicar el conflicto entre las dos Irlandas y las batallas que se libraban en West Belfast, cuyas calles todavía se sienten como pedestales a punto de moverse bajo los pies: los murales que recuerdan el conflicto están allí, un poco para visitarse, otro poco para olvidar. Los muros de ladrillos rojos se están dejando crecer restaurantes y bares, y verlos deja la misma sensación que pasar cerca de un volcán a punto de explotar.

El centro de visitantes del Giant’s Causeway es 20 años más viejo que la paz entre las dos Irlandas; esta ironía es mayor cuanto, para muchos, Belfast es todavía un mero punto de partida para visitar los prismas. No hay que olvidar la leyenda de uno y la historia reciente de otra: ambas son los vestigios de una pelea entre gigantes. Y eso siempre vale una visita dispuesta al asombro.

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Sobre los autores

Carlota Rangel y Ruy Feben son otra clichetera pareja que está dando la vuelta al mundo. Sólo que ellos son mexicanos, escritores, y recorren los diferentes destinos del planeta para visitar tanto los sitios más estereotípicos como los secretos mejor guardados. Desde allá envían sus hallazgos en esta columna y publican postales fortuitas en su blog, senaleshumo.com.

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FB: @las.senales.de.humo

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