Los enredos de Andrés Manuel

Una cosa es que hable lento o elija sus pensamientos, y otra distinta es que a estas alturas del juego no sepa lo que dice

Wilbert Torre / Serendipia / Heraldo de México
Wilbert Torre / Serendipia / Heraldo de México

Andrés Manuel dice lo contrario que hace dos semanas, Andrés Manuel lanza como un dardo envenenado una frase inexacta, Andrés Manuel señala que el país está en quiebra, Andrés Manuel lanza que Rosario es un chivo expiatorio.

Entre sus críticos, la respuesta más común a estas frases es que Andrés Manuel López Obrador es ignorante, ególatra, o que no entiende nada, que no escucha.

Una cosa es que hable lento o elija sus pensamientos con el cuidado de un buzo cazador de perlas en el intento de no cometer pifias (algo imposible, tomando en cuenta su incontinencia verbal) y otra distinta es que a estas alturas del juego que inició antes de la primera entrada, no sepa lo que dice. O lo que quiere decir. O darlo por ingenuo.

En otro contexto, el de la polarización, pueden explicarse las dos declaraciones más explosivas de López Obrador desde el día de la victoria: El país está en quiebra y Rosario es un chivo expiatorio.

Metido en el juego de la transición tersa que él mismo ideó y llevó a Los Pinos a su cita con el presidente Peña, tras una tregua de más de dos meses, Andrés Manuel López Obrador vuelve a jugar a la polarización, un recurso esencial en la construcción política del tabasqueño que se convertirá en presidente el próximo 1 de diciembre.

Polarizar. Estirar la liga. Enconar. Enfrentar a los polos opuestos. De las finanzas estables al país en bancarrota, con dos auditorios en los extremos. Pero la polarización implica riesgos. Uno de ellos es quedar atrapado en medio.

Eso le pasó a Andrés Manuel con el sube y baja de las declaraciones entre la economía sin sobresaltos y las finanzas en quiebra. El primer descarrilamiento importante en la transición de terciopelo ha sucedido en la cancha ideada, con los jugadores y una ruta trazada –impuesta– por AMLO al presidente Peña.

¿Qué falló en los cálculos del Presidente electo?

Un primer error parece evidente: pactar, acordar o planear una transición tersa con Peña imaginando un cambio de poderes casi color de rosa, cuando en la realidad las fotos de los futuros secretarios y los que se van, sonrientes y en unas mesas pomposas para recibir la información clave en cada secretaría, ha sido un fiasco.

La dilación o la entrega parcial de información del gobierno saliente ha tocado casi todas las áreas, pero la gota que sofocó los abrazos y reanimó los balazos fueron los expedientes del avance de la reconstrucción de las casas de los damnificados por el terremoto del año pasado.

Cuando vio el panorama –reportes que indican avances del 90 por ciento cuando casi nada ha sido reconstruido–, acompañados por la falta de información vital, López Obrador decidió volver a agitar el pandero de la polarización.

La pregunta es si el Presidente electo continuará el juego ficticio de la transición de seda, con sus respectivos acuerdos y pactos, o si terminarán imponiéndose las tensiones de la verdadera transición.

 

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@WILBERTTORRE

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