Los días de agosto

La posibilidad de la construcción de espacios inéditos de cooperación para la paz y el desarrollo sostenible en el Pacifico y el Caribe está a la vista


Este agosto han cambiado las condiciones internacionales que rodean al a región mesoamericana. Se percibe en el Caribe y el Pacífico. Se le suman los cambios que resultarán de las renegociaciones comerciales que dan inicio este miércoles en la región de América del Norte. Los niveles de presión en el sistema regional no tienen un antecedente similar reciente.

Se puede afirmar que la tensión regional cobra mayor nivel cada día, lo que puede ser uno de los principales motivos por los que surjan iniciativas que confirmen la urgente necesidad de que el entorno sea uno de cooperación para el desarrollo y no de profundización de los riesgos que amenazan ese objetivo de la convivencia.

Puede considerarse complicado que los países se pongan de acuerdo. No obstante, la posibilidad de contar con ese ambiente lo amerita. Las vecindades y similitud de circunstancias comunes lo urgen. Otras regiones que lo han intentado mantienen negociaciones y compromisos políticos de mediano y largo plazo con ese carácter. Por ejemplo, en el círculo Ártico y en la región del Mediterráneo.

En el Ártico el proceso es multiactor, además de intergubernamental, lo que ofrece mayores capacidades de adaptación con la flexibilización en los mecanismos y toma de decisiones, así como fortaleza en los compromisos de los participantes. El modelo es más cercano porque participan actores gubernamentales y no gubernamentales de países miembros del TLCAN, con excepción de México.

Cada año en la ONU se vota una resolución sobre el fortalecimiento de la seguridad y la cooperación en la región del Mediterráneo y desde 1994 no ha dejado de estar presente a pesar de las grandes tensiones en esa zona. Hoy, entre otras, por el flujo de desplazados y migrantes.

En la resolución del Mediterráneo se hace alusión al tratado sobre una zona libre de armas nucleares en África, que junto con el Tratado de Tlatelolco y de otros similares, constituyen un pilar de la no proliferación en materia de armamentos. Para Latinoamérica, la prohibición de las armas nucleares es un fundamento esencial de la seguridad, desde el punto de vista multidimensional.

La posibilidad de la construcción de espacios inéditos de cooperación para la paz y el desarrollo sostenible en ambos océanos está a la vista. Urgen para el Caribe, como en la región del Pacífico, más allá de los acuerdos de integración económica y de reorganización comercial.

Una declaración del Pacífico como zona de paz y cooperación en estos momentos en que la tensión nuclear aparece junto con la ruptura de las negociaciones sobre el TPP, puede contribuir a consolidar un ambiente favorable para la recuperación de las relaciones internacionales en la cuenca.

Una iniciativa de cooperación para la paz focalizada en el desarrollo sostenible del Caribe facilita la concentración de los esfuerzos regionales en la conversión de los factores de conflicto en razones para la construcción de alternativas para la recuperación de la confianza, necesarios para la comunicación, el comercio y la solución de la desigualdad.

La creación de nuevos espacios político-sociales de diálogo y acuerdo ante las crisis de este agosto, dependen de las voluntades de los actores tanto en El Caribe como en el Pacífico. Causales, razones y motivos no faltan.

 

Columna anterior: A 30 años

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