Los caminos del futuro no son como yo pensaba

Los niños de ahora no podrán soñar el futuro evolucionado y despampanante que yo soñé; ahora tienen un sistema de control que creó pequeñas cárceles

Desde niña me obsesionaba el futuro, por eso me gustaría empezar por un tema muy serio: Los Supersónicos. Su versión del futuro era la de suburbios bastante modernos suspendidos en el aire, autos que flotaban y jornadas laborales que duraban no más de tres horas al día; tenían servicio doméstico robótico (aunque les duela aceptar que Robotina no era parte de la familia). Para concluir, planteaban el sueño americano de la sociedad blanca, conservadora, capitalista y bastante floja.

De esta caricatura me gustaría pasar a otro tema muy serio que aseguro los marcó de una u otra manera: la película El Quinto Elemento, ¿la recuerdan?

La cuestión de ese futuro que nos plantearon tenía una trampa, en realidad varias, porque qué pensaría Marty McFly cuando usó en la segunda parte de Volver al Futuro la máquina del tiempo del doctor Brow y viajó hasta hasta el lejanísimo año 2015, y tuvo que lidiar con que el futuro no incluye patinetas voladoras, auto-naves y ciudades de estética alucinante. Qué pensaría cuando al ponerse sus súper tenis que se abrochan solos se encontrara con personas con las cabezas agachadas permanentemente sobre tabletas grandes y pequeñas que requieren su atención las 24 horas del día, si recorriera las calles de su vecindario y ningún invento glamoroso cambiara el anterior panorama; ¿quién pudo advertir que el futuro podría aburridamente compilarse en objetos planos de apenas centímetros de longitud?. ¿No creen que Marty Mc Fly estaría un poco decepcionado? ¿No lo están ustedes? ¿Donde están las ciudades plagadas de ciudadanos de otras galaxias y humanos extravagantes volando por un planeta vanguardista y distinto?, ¿les parece justo?, ¿divertido?, ¿vamos a conformarnos con aplicaciones para que nos lleven el súper a nuestras casas o nos pidan un taxi? ¡Ah!, y por cierto, un taxi en el que no viene manejando ¡Bruce Willis!

¡Y muchísimo peor cuando pensamos en los villanos del futuro. Anhelábamos villanos como Zorg del Quinto Elemento con su media cabeza rapada y su casco transparente intentando apoderarse de todos los elementos del planeta y así ser imparable. Pero ni eso nos pudo cumplir este futuro insípido y aburridamente digital: en vez de Zorg y sus secuaces, los villanos de la era digital son frustrados criticones, sujetos amargados y pubertos enfadosos que detrás de la computadora de la casa de sus padres con los cuales siguen viviendo, se dedican a poner comentarios destructivos en los perfiles de la gente, que van desde descalificar su físico, hacer juicios de su comportamiento, forma de pensar, de vestir y de escribir, hasta amenazarlos y desearle la muerte a personas que no conocen, no conocerán jamás y a las que probablemente de tener enfrente no tendrían siquiera el valor de mirar a los ojos y pronunciar palabra alguna.

Un futuro deslucido, pero no por esto menos peligroso, una cárcel silenciosa. Un sistema de control perfecto que ingeniosamente logró crear pequeñas cárceles en las que todos quieren ingresar y quedarse dentro de manera indefinida y sin beneficio alguno. Un buzón de quejas virtual, una ego-galería pública, un basurero de identidad que nos aleja en definitiva de ese futuro evolucionado y despampanante que soñamos de niños y que definitivamente los niños de ahora con tableta y celular en mano jamás soñarán.

Columna anterior: Baby Mick Jager.

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