Los caminos de la austeridad republicana

La austeridad se planteó como una necesidad para finalizar “el periodo neoliberal”

Javier_García_Bejos
Javier García Bejos / Colaborador / Columna Editorial

Hace dos días cayó la primera renuncia en el gabinete del presidente López Obrador. Germán Martínez, ex titular del Instituto Mexicano del Seguro Social, expresó que la injerencia perniciosa de algunos funcionarios de Hacienda no permiten desempeñar la labor social del Instituto.

afecta únicamente al Instituto Mexicano del Seguro Social ya que, en los últimos meses, todos hemos escuchado las historias de reacomodos, despidos y redireccionamientos del presupuesto.

A medio año del inicio de la administración, cabe preguntarnos hacia dónde nos está llevando esta austeridad republicana –para algunas dependencias– y si realmente es el camino para alcanzar los resultados que los mexicanos exigimos.

La austeridad, en un principio, se planteó como una necesidad para finalizar el periodo neoliberal. Para llevar a cabo la famosa Cuarta Transformación se tenían que acabar los dispendios; no puede haber gobierno rico con pueblo pobre, se nos dijo.

Sin embargo, a raíz de los problemas financieros de Pemex, agudizados a principios de año, y con serias implicaciones sobre la calificación y perspectiva de México, la austeridad tomó otro matiz. Se está apretando el cinturón a diversas dependencias de carácter social, para llevar los recursos hacia otros fines.

Justo ayer, Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad expuso información sobre esto. Con base en los datos de Transparencia Presupuestaria de Hacienda, al primer trimestre de este año, los grandes ganadores de las modificaciones al presupuesto de 2019 han sido Energía, Hacienda y la Comisión Reguladora de Energía, entre otros.

En la otra cara de la moneda, resulta preocupante que el gasto en salud del gobierno federal haya caído en un subejercicio de más de 12 mil 500 millones de pesos. Poco sorpresivo resulta entonces que el programa más beneficiado tenga que ver con la producción de petróleo, gas, y sus derivados

Nuestro país no podrá combatir eficazmente la pobreza si no se hace un esfuerzo para reforzar instituciones de carácter social e inyectamos recursos a programas públicos –con lineamientos, claro está– que puedan hacer una diferencia.

Si a eso sumamos que la austeridad tiene como fondo el realizar proyectos con rentabilidad social dudable, o establecer planes de rescate financiero a costa de la funcionalidad gubernamental, entonces debemos reflexionar seriamente sobre qué debemos corregir primero para empezar a avanzar con rumbo.

Hace algunos años, Amartya Sen habló sobre las consecuencias económicas de la austeridad, en el contexto de la crisis europea. El continente cayó, decía, en el error de confundir la necesidad real de reformar instituciones con la necesidad artificial de aplicar la austeridad, indiscriminada y discrecional; nada sería más grave para México que tropezar con la misma piedra.

Es hora de reconocer que el recortar por aquí y por allá, sin mejorar de fondo las estructuras con las que opera el Estado mexicano, solamente se traducirán en pocos cambios que beneficien y eso sí, en desafíos cada vez más pronunciados que se acumularán como una bola de nieve.

JAVIER GARCÍA BEJOS

COLABORADOR

@JGARCIABEJOS

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