Los aguacates del diablo

La producción del fruto es de 120 mil toneladas al mes; pero genera problemas ambientales y sanitarios

Los aguacates del diablo

México es el principal productor de aguacates en el mundo. El guacamole está de moda en Asia, Europa y Estados Unidos. En tan sólo tres horas del pasado Super Bowl, se consumieron 35 mil toneladas que los gringos y otros aficionados radicados en la Unión Americana acompañaron con jitomate picado para untar en sus papas fritas, chicharrón y totopos.

De las 120 mil toneladas que se cosechan al mes en el país, Michoacán es el principal productor. ¿Pero qué ocurre dónde se cosecha el fruto codiciado y su colindancia? ¿Qué implicaciones deja la alta demanda en las zonas productoras? Ni el gobierno de Silvano Aureoles, quien aspira a la candidatura presidencial, sabe lo que ocurre en la entidad o si tiene información, la ha ocultado todo este tiempo.

La atención a la guerra que libran desde 2013 las autodefensas con cárteles de la droga abrió varios ángulos por dónde mirar la vida en el estado del Tata Cárdenas: el tráfico de polvo de hierro a Asia y la introducción desde China de precursores químicos para la elaboración de drogas por el puerto Lázaro Cárdenas, la instalación de laboratorios clandestinos en todas las regiones para cocinar metanfetaminas, desapariciones forzadas, ejecuciones, cobro de derecho de piso y la alianza entre autoridades políticas con los cárteles. Pero no habíamos clavado la mirada en la producción aguacatera.

Ha sido la cadena France 2 de París la que ha estudiado la producción y descubrió graves e irreversibles problemas ambientales, sanitarios e inevitablemente casos de violencia. Tan sólo en cinco años, aguacateros, subyugados por el crimen, han deforestado 170 mil hectáreas de pino (poco más que la superficie de CDMX) para cultivar árboles de aguacate, pues la demanda ha crecido 30 veces, afirma el documental, en los últimos 15 años.

No es ilegal sembrar árboles de aguacates lo que sí es ilegal es deforestar árboles para instalar plantíos del fruto verde: cada año gana 700 hectáreas sobre bosques, lo que significan mil canchas de futbol, revela la producción.

El segundo gran problema tiene que ver con los insecticidas empleados para la fumigación. El documental titulado Los Aguacates del Diablo siguió la ruta del uso de esos materiales para combatir las plagas y analizó durante meses la salud de 500 niños y maestros de una escuela secundaria en Toreo Bajo, Uruapan, zona altamente productora, que colinda con árboles aguacateros que suelen ser fumigados con pistolas de presión.

¿Qué arroja el seguimiento? Niños sin crecimiento, problemas en los intestinos y abortos continuos en profesoras. Una de ellas los ha padecido tres veces debido al tipo de sustancias detectadas en su cuerpo por los insecticidas. Ni las secretarías de Salud, Medio Ambiente ni Agricultura locales o federales poseen estadísticas ni información al respecto.

Las dependencias citadas están obligadas a tomar en serio las revelaciones francesas y ponerse a trabajar para implementar políticas que mitiguen los graves daños.

 

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