Los 12 días que marcaron a AMLO

Los inversionistas son miles y pertenecen a fondos de inversión repartidos por el planeta

Carlos Mota / Un montón de plata / Heraldo de México

Cuando el domingo 28 de octubre el país estaba en vilo por el anuncio sobre la consulta ciudadana sobre el Nuevo Aeropuerto, el presidente electo, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), tenía total claridad sobre lo que quería: respaldar la decisión en la voluntad popular. Lo que sobrevino, sin embargo, fue una violenta reacción de los mercados cambiario y bursátil, que a la mañana siguiente castigaron al tipo de cambio, la Bolsa y el precio de los bonos.

Pero el presidente electo seguía en fase de negación, y acusaba que un grupo de empresarios mexicanos manipulaba variables a su antojo para que revirtiera la decisión.

Poco a poco, sin embargo, absorbió información que le permitió comprender que el desasosiego no era de los empresarios nacionales, con quienes se sentó a negociar condiciones para los contratos de construcción. Incluso la bolsa tuvo un fuerte rebote, aunque el dólar quedaba estacionado en 20 pesos.

El problema, sin embargo, reapareció once días después, cuando el senador Ricardo Monreal presentó el jueves 8 la iniciativa para eliminar las comisiones bancarias, detonando una mayor crisis de desconfianza que la anterior.

Aunque se piense lo contrario, Monreal nunca consultó la propuesta con el presidente. De hecho, AMLO tuvo que interrumpir intempestivamente una reunión a medio día para comprender el tamaño del problema: la bolsa caía alrededor de seis por ciento y se necesitaba su intervención urgente.

Parte de lo que el presidente electo comprendió en ambos episodios —y que le hizo salir a detener a Monreal—, fue que se le presentó en blanco y negro la magnitud de la minusvalía registrada en el dinero de las afores de los trabajadores.

También miró con claridad que el precio del crédito empezó a encarecerse y que impactaría a pequeños y medianos empresarios y a todo mexicano que paga intereses de toda naturaleza (hipotecarios, automotrices, de nómina, etc.).

Por eso fue totalmente reiterativo respecto de lo que había hablado con Ana Botín, de Santander, días atrás: no habrá modificación al marco regulatorio financiero en los primeros tres años.

Para el viernes 9 de noviembre la lección fue aprendida: los inversionistas son miles y pertenecen a fondos de inversión repartidos por el planeta, cada uno de los cuales tiene inversiones de uno por ciento (o menos) sobre México.

Estos fondos no piden explicaciones ni saben de consultas ciudadanas. Simplemente, a la primera señal adversa, sacan sus posiciones del país.

AMLO comprendió dos cosas: que están afuera y que nadie los controla. Y eso es lo que se llama mercados.

AMLO es terco, pero no obtuso. Su gran cualidad es que anhela efectivamente la prosperidad del país, y está legitimado para lograrla.

Varias personas ya celebran que esos doce días ocurrieron antes del 1 de diciembre, y no después.

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@soycarlosmota

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