Lo que realmente nos une

El reconocimiento referido no debe ser motivo de “relajamiento” de la unidad nacional, al contrario, debe impulsarnos a la integración con base en la no discriminación, de la cual ya se ocupan diversas disciplinas y materias jurídicas

Enrique Quiroz Acosta / Abogado /  El Heraldo de México
Enrique Quiroz Acosta / Abogado / El Heraldo de México

Este año es propicio para reflexionar en uno de los acontecimientos más importantes de la historia del mundo occidental y ya no digamos de nuestra nación. La Conquista. El encuentro entre Cortés y Moctezuma. El mestizaje. Es el origen o el germen de la nación mexicana.

Desde nuestras primeras lecciones de Historia, Civismo e, incluso, de nociones de Derecho Positivo Mexicano y Sociología, se fue configurando en nuestra conciencia que existen dos aspectos trascendentales de la unión originaria en el país: la lengua nacional y la religión católica. ¿Verdad relativa? Tal vez, pero es indiscutible que en la gestación del país se ubican en la médula.

Factores originarios de integración son variados, los abogados destacamos, desde luego, las leyes de Indias y en general en las disciplinas sociales tenemos presente el papel fundamental de integración de los franciscanos (primero) y otras órdenes religiosas que se fueron agregando como es el caso de los jesuitas que aportaron diversos elementos a la gestación de una cultura nacional.

Amén de lo anterior, afortunadamente hoy reconocemos y nos ocupamos de que los indígenas que se cuentan por millones y en muy variadas lenguas así como de usos y costumbres, se reconoce, valora y se lucha por su respeto irrestricto. Nuestro orden constitucional es claro y contundente en ello, desde hace varios lustros y su aplicación cada vez es más sólida.

El reconocimiento referido no debe ser motivo de relajamiento de la unidad nacional, al contrario, debe impulsarnos a la integración con base en la no discriminación, de la cual ya se ocupan diversas disciplinas y materias jurídicas, de manera muy evidente y trascendente en el ámbito educativo.

Aquí, en el seno de la nación en su aspecto más importante, en la educación se está trabajando arduamente en todo ello y particularmente también en una visión de reconciliación. No podemos dejar de mencionar que una gran aportación a la unidad nacional desde las primeras órdenes religiosas es, sin duda, el enfoque humanista de nuestras relaciones personales y de la concepción de la comunidad en general.

Hoy ante el avasallamiento de la tecnología y las comunicaciones mundiales que nos acercan a cada rincón del mundo y en plena conmemoración de 500 años del gran encuentro en nuestras tierras, no podemos ni debemos olvidar que el énfasis en las humanidades nos unió como nación y hoy nos debe fortalecer en cada aspecto de nuestras vidas. Los abogados que debemos impulsar en el uso y la regulación de las tecnologías e integrar a la sociedad a cada rincón del orbe, con regulación efectiva y acorde al reto mundial, también, no podemos, no debemos perder de vista que lo que nos une, implica valores y ahí están las humanidades desde nuestros orígenes. Démonos la mano los mexicanos con sentido humano.

POR ENRIQUE QUIROZ ACOSTA

COLABORADOR

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