Lo que depara el año a las relaciones México – EU

Con Donald Trump y Pelosi incapaces de alcanzar un acuerdo respecto al muro, es poco probable que se ratifique el nuevo Tratado de Libre Comercio

Director del programa de México del Wilson Center, Washington DC.
Director del programa de México del Wilson Center, Washington DC.

A medida que nos adentramos en 2019, podemos observar muchas de las tendencias globales en la política y la economía que definirán el año. En Estados Unidos, el choque entre el presidente Trump y el liderazgo demócrata en el Congreso promete opacar otros debates. En México, la luna de miel del presidente López Obrador llegó a un abrupto final con la crisis de la gasolina y es probable que veamos una lucha continua de la Presidencia para restablecer y mantener una imagen confiable de gobernanza.

Estas dos realidades distintas convergerán para incidir en la relación bilateral de varias maneras, afectando las perspectivas de cooperación y las posibilidades de cohabitación armoniosa. Las idiosincrasias de dos figuras políticas desmesuradas ciertamente impactarán el tono. Sin embargo, además de las debilidades y personalidades de los presidentes López Obrador y Trump, es importante reconocer que algunas tendencias y desafíos subyacentes darán forma a la relación de una manera mucho más profunda. Cuestiones políticas y de política pública en cada país se filtrarán en la relación bilateral, creando nuevas tensiones que de otro modo se habrían evitado.

Primero, hay problemas paralelos que moldearon la relación a finales de 2018 y principios de 2019, la migración y el muro fronterizo probablemente permanecerán como asuntos prioritarios. El enfrentamiento entre Trump y la líder demócrata Nancy Pelosi sobre el financiamiento del muro fronterizo ha paralizado áreas enteras del gobierno de EU, y el juego estratégico de la gallina ha elevado las apuestas hasta el punto en que ninguna de las partes puede retroceder sin perder un sustancial capital político. Esto significa que el presidente Trump insistirá en la urgencia de un muro para detener el cruce fronterizo de migrantes ilegales violentos, terroristas imaginarios y sustancias peligrosas. En el pasado, el presidente ha responsabilizado a México y a los mexicanos de múltiples problemas estadounidenses. Si los enfrentamientos con Pelosi continúan frustrando al Presidente, debemos prepararnos para nuevos arranques antimexicanos inflamatorios.

Además de su vinculación con el muro fronterizo, el tema de la seguridad matizará la relación bilateral este año en otros frentes. Hay conversaciones avanzadas en Washington sobre cómo llevar la seguridad bilateral más allá de la Iniciativa Mérida, un acuerdo que data de hace más de una década. La necesidad de actualizar los principios de colaboración generará una discusión en el Congreso y entre los dos gobiernos que puede de irritar las tendencias nacionalistas de la administración de López Obrador. Hasta ahora, AMLO ha sido complaciente con las necesidades de la comunidad de seguridad e inteligencia de Estados Unidos, pero es justo decir que preferiría evitar una conversación pública sobre el tema.

Las cuestiones comerciales continuarán afectando la relación bilateral este año, ya que el Congreso de Estados Unidos está retrasando la ratificación del USMCA/T-MEC que los vecinos norteamericanos firmaron en noviembre del año pasado. Con Trump y Pelosi aparentemente incapaces de alcanzar un acuerdo respecto al muro, es cada vez menos probable que la Cámara de Representantes con mayoría demócrata ratifique el acuerdo. Si la ratificación se demora más allá del verano de 2019, el acuerdo no entrará en vigor sino hasta después de las próximas elecciones presidenciales de EU, lo que creará más incertidumbre para la economía mexicana. Peor aún, si Trump recurre al artículo 2205 del TLCAN y se retira del acuerdo, México podría quedar sin un tratado comercial con su socio económico más importante.

Los pronósticos de la economía estadounidense ya son un tema recurrente del debate público y político en EU, creando tensión entre el presidente Trump y el sistema de la Reserva Federal. Si a fines de 2019 o principios de 2020 se vislumbra el comienzo de una recesión económica, su impacto repercutirá también al sur de la frontera, afectando gravemente las perspectivas de crecimiento en México. Esto aumentará la presión sobre el presidente López Obrador, quien enfrentará un entorno económico adverso que requerirá una gestión cuidadosa. Significará una reducción de los ingresos fiscales y debilitará la capacidad de su gobierno para implementar programas sociales y crear empleos. Si AMLO se enfrenta a una perspectiva económica negativa, ¿mantendrá su compromiso con la política económica ortodoxa, o se verá tentado a aflojar el gasto y pagar por salir de la desaceleración?

Sabemos que el sector energético es prioridad para AMLO, y que representará un desafío para la relación bilateral. Dado que en la última década México pasó de tener un comercio energético superavitario a uno deficitario con EU, empresas estadounidenses en las industrias de gas natural y productos refinados se han encontrado con oportunidades y ganancias tremendas.AMLO busca la independencia energética, y ya se registra una disminución en las importaciones de gasolina desde EU.AMLO habla apasionadamente sobre la necesidad de evitar la dependencia en proveedores extranjeros de energía, e insinuó favorecer los petrolíferos sobre el gas natural para la generación de electricidad si eso significa usar sólo fuentes nacionales. Además, López Obrador planea refinar todo el petróleo crudo para consumo mexicano dentro del país, obviando la necesidad de exportar crudo a EU. El debilitamiento del comercio energético de manera tan dramática no es un movimiento positivo para una relación que se basa en una dependencia que aunque asimétrica, es mutua.

Por último, sería absurdo ignorar que la carrera por las elecciones presidenciales de 2020 en Estados Unidos ya comenzó. Con el inicio de competencia demócrata por la candidatura, podemos esperar que los temas anteriores contribuyan a hacer de México un tema en el ciclo político estadounidense una vez más. Las elecciones de 2016 demostraron dramáticamente que con la competencia electoral viene la tentación de encontrar un chivo expiatorio, y México puede ser un protagonista en esta ocasión. Cuando esto ocurra, la reacción del presidente López Obrador será una prueba más a su autocontrol y su voluntad de poner el interés nacional ante el orgullo nacional.

Entonces, seis temas —la frontera y la migración, la seguridad, la relación comercial, la economía, la energía y las elecciones— serán fundamentales para determinar la salud de la relación bilateral en 2019. El seguimiento del progreso en estas áreas será tan importante como las entradas de Twitter o las declaraciones públicas de ambos líderes. Ahora más que nunca, el vínculo entre la política exterior y la política nacional definirá la relación bilateral.

 

Por Duncan Wood 

*Director del programa de México del Wilson Center, Washington DC

 

 

¿Te gustó este contenido?