“Lo más pronto posible…”

La estrategia para construir la Guardia Nacional y la guerra contra el huachicoleo muestran los retos que afronta el nuevo estilo presidencial

Arturo Sánchez Gutiérrez / Decano Escuela de Gobierno del Tec de Monterrey
Arturo Sánchez Gutiérrez / Decano Escuela de Gobierno del Tec de Monterrey

Irremediablemente gobernar desgasta y el capital político se acaba. La ventaja del presidente López Obrador es que su capital es amplio, actúa consistentemente con sus compromisos de campaña y es muy testarudo. Por eso, el nuevo gobierno puede utilizar su capital para clausurar el Nuevo Aeropuerto, aprobar un presupuesto extremadamente austero (con efectos que aún no conocemos) e incluso distribuir como guía moral para los mexicanos la Cartilla Moral, escrita por Alfonso Reyes en 1944, y reimpresa recientemente por la Secretaría de Educación Pública.

Con todo, la estrategia para construir la Guardia Nacional y la guerra contra el huachicoleo, muestran los retos que afronta el nuevo estilo presidencial. En el primer caso, por encima de la voluntad presidencial y sus mayorías legislativas, se impuso la necesidad de negociar con la oposición los términos finales de la iniciativa. La crítica se hizo valer para cambiar el proyecto presidencial, y a pesar de ello, el resultado no deja satisfechos a los principales interesados.

En el caso del huachicoleo, es evidente la improvisación y la pérdida de control de aspectos importantes de la estrategia. En este caso, quizá el mayor déficit para el gobierno es la comunicación errática, imprecisa y poco oportuna que conduce el propio Presidente y que mantiene viva la incertidumbre sobre cuándo se regularizará el abasto.

El tema no es menor porque tarde o temprano el Presidente enfrentará la realidad del huachicoleo: se trata de un fenómeno en el que participa la delincuencia organizada, comunidades enteras que viven de los resabios de ese negocio ilícito, funcionarios y exfuncionarios de Pemex, técnicos, autoridades y una compleja red de complicidades.

Ante esa realidad, no se necesita ser experto para concluir que abrir y cerrar ductos resuelve muy poco, implica generar situaciones de desabasto y requiere de una importante inversión de recursos.

Ciertamente no es un fenómeno que se acabará en pocos días y, dependiendo de la estrategia específica, el desabasto se incrementará o se reducirá.

Nadie parece saber los detalles de lo que ocurrirá, por lo que el Presidente sólo nos puede decir que se resolverá Lo más pronto posible, además de agradecer nuestra comprensión.

Y lo que ocurre es que la ecuación no se entiende: se cierran ductos, se arreglan, se moviliza al ejército y la Marina para su vigilancia, a pesar de ello, se sabotean los ductos, se vuelven a cerrar, se opta por comprar pipas, se vuelve a retrasar el abasto.

Evidentemente el efecto es reducir el robo, pero los costos de distribución se incrementan y la pregunta es: ¿cuánto tiempo participará el ejército y la marina para vigilar la distribución de gasolina? ¿Cuánto está costando esta estrategia? ¿Se habrá acabado con la red de delincuentes cuando se regularice el abasto?

Ante esas preguntas, lo más pronto posible ni satisface ni ayuda.

 

EX CONSEJERO ELECTORAL,

DECANO DEL ITESM

@ARTUROSANCHEZG

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