Lo exterior no importa, pero sí

El gobierno mexicano debe buscar equilibrios en sus relaciones con los países de América Latina

José Carreño / Desde afuera   / Heraldo de México
José Carreño / Desde afuera / Heraldo de México

Cuando el próximo 29 de junio los Jefes del Ejecutivo de los países del G-20 (presuntamente las 20 mayores economías del mundo) se reúnan en Okinawa (Japón) recibirán un mensaje de un Jefe de Estado ausente, el de México, Andrés Manuel López Obrador.

El mensaje, probablemente una carta escrita, será entregado por el secretario de Relaciones Exteriores Marcelo Ebrard, que tal vez pueda incluso estar momentáneamente en el mismo salón que los mandatarios asistentes.

Porque el problema del G-20, como de cualquier encuentro cumbre entre jefes de Estado y de Gobierno, es que un simple secretario de estado –sea de Relaciones Exteriores o de Hacienda– debe quedarse en un segundo término.

El protocolo además demanda que sea así.

No que sea importante. Después de todo, rara vez las conversaciones se han transformado en arreglos concretos, aunque nadie espera eso de un foro político, donde cada representante de país va a exponer los puntos de vista de su gobierno y a reunirse o buscar encuentros con aquellas contrapartes que le interesen.

La ausencia del presidente López Obrador puede o no ser importante, aunque el propio mandatario hizo saber su punto de vista. Y lo cierto es que López Obrador ha hecho claro que está mucho más cómodo en temas de agenda doméstica.

Y no deja de tener razón. Pero a estas alturas de la historia y la economía mundiales, es difícil saber cuáles son los temas internos que no tengan o resientan un impacto internacional.

Las explicaciones que el gobierno debió dar en la secuela de la decisión de cancelar la construcción del Nuevo Aeropuerto Internacional de México (NAIM) fueron una primera señal.

Un severo recordatorio de esa interacción entre lo internacional y lo doméstico tuvo lugar la semana pasada, cuando una no bien precisada y benévola política migratoria tuvo un efecto contrario y reventó con el anuncio de presiones comerciales estadounidenses para detener lo que el presidente Donald Trump y su gobierno han calificado incluso como invasión centroamericana.

Y eso es sin contar por cierto, con las reservas que han manifestado hasta ahora políticos de Guatemala y El Salvador, unos por encontrarse ya frente a un proceso electoral y otros porque recién llegan al gobierno y no parecen tener del todo claro de que se trata la iniciativa de desarrollo regional para el sur de México y los países del triángulo norte que presentó la Comisión Económica para América Latina (Cepal) que copatrocina México.

Y eso es sólo en el ámbito regional.

Más allá, el gobierno mexicano debe buscar equilibrios en sus relaciones con los países de América Latina, en especial con sus socios en el llamado Grupo de Lima, con el que mantiene diferencias por la política hacia Venezuela, pero cuyo núcleo está formado por los socios mexicanos en la Alianza del Pacífico: Chile, Colombia, Perú.

Y no hablemos de Europa o Asia… ¿G-20 dijo alguno?

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@CARRENOJOSE1

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