Liderazgo para la Guardia Nacional: Inteligencia y Experiencia

La Guardia Nacional tendrá a la persona mejor preparada y capaz para encabezarla. La tarea que Bucio tiene enfrente será probablemente el reto más grande

Iñigo Guevara / Analista / Heraldo de México
Iñigo Guevara / Analista / Heraldo de México

El pasado jueves 11 de abril, en calidad de comandante supremo de las Fuerzas Armadas, el presidente López Obrador presentó al liderazgo que integrará tanto la comandancia como la coordinación de la nueva (o más bien resucitada) Guardia Nacional.

La Guardia Nacional –va quedando más claro– será la suma de esfuerzos por parte de las secretarías de Defensa Nacional, Marina y Seguridad Ciudadana para coordinar e implementar la agenda de seguridad pública de la presente administración. Comprenderá a la agregación de la Policía Militar del Ejército, de la Policía Naval de la Infantería de Marina y la Policía Federal de la también nueva SSC, buscando organizar un cuerpo de unos 80 mil elementos para finales de 2019.

Si bien no lo acostumbro en este espacio, emprenderé a publicar una opinión con respecto a la designación del general de Brigada DEM Luis Rodríguez Bucio como el primer comandante de la Guardia Nacional. Intentaré desde luego, que esta opinión sea transparente, ya que confieso dista de ser objetiva.

Tengo el agrado de conocer a Bucio desde hace varios años y he sido testigo de su calidad tanto profesional como personal. No repetiré en este breve espacio su currículo ya que, desde su nombramiento, abundan descripciones y hasta interpretaciones de éste en múltiples medios nacionales e internacionales.

Sin embargo, me atrevo a ofrecer una semblanza alternativa y relativamente personal que he atestiguado, 1) su profesionalismo, liderazgo y entrega, del que he sido observador desde el final de su periodo académico en el doctorado del Centro de Estudios Superiores Navales (CESNAV), durante su tiempo al mando del Centro de Investigación y Desarrollo del Ejército y Fuerza Aérea, y desde luego como el primer oficial mexicano –hasta el miércoles pasado– en la Presidencia de la Junta Interamericana de Defensa (JID) en Washington DC. En todas las interacciones anteriores pude evidenciar su capacidad para absorber, analizar y sintetizar información, diseñar, organizar, gestionar y administrar instituciones; 2) su sencillez, amabilidad y facilidad de trato, francamente difíciles de encontrar en oficiales militares de su rango y que me parece son virtudes de un liderazgo asertivo, moderno, propositivo; 3) el respeto tanto de sus pares laterales como subalternos, quienes a través de los años se refieren de Bucio con un nivel de admiración que va más allá del profesional.  Eco de ese mismo respeto lo he atestiguado en varios miembros de la comunidad de inteligencia militar de Estados Unidos que han interactuado con Bucio a lo largo de sus respectivas carreras.

Es mi opinión, que la Guardia Nacional tendrá a la persona mejor preparada y capaz para encabe-zarla civil o militar. La tarea que Bucio tiene enfrente será probablemente el reto más grande de su carrera. Falta, desde luego vislumbrar si su liderazgo tendrá los recursos adecuados y el tiempo suficiente para materializarlas. Falta también, esperar que millones de mexicanos colaboren y no intenten corromper a esta nueva institución, por más inocente que parezca, esas aparentemente pequeñas e inofensivas mordidas causan grietas que derrumban instituciones.

Íntimamente relacionado hay un tema que creo que no debemos ignorar: mantener la defensa nacional a la par de la seguridad interior. La defensa efectiva de un país se logra a través de coordinación, presencia, capacidad y disuasión. Todo lo cual requiere de inversión firme, tanto para la recapitalización de equipamiento, infraestructura y tecnología, como para el entrenamiento constante de sus elementos. Se invierte y entrena para contar con fuerzas armadas efectivas, precisamente, para que no pase nada. Es muy fácil deshacerse de lo que el ciudadano común no ve día a día, pero no se deben ignorar los vacíos de capacidad –ya visibles– en temas como la vigilancia aérea (aeronaves y radares terrestres y aéreos), presencia en altamar (navíos de superficie y submarinos y medios aeronavales), capacidad de respuesta (medios cibernéticos, blindados, artillería terrestre y antiaérea) y proyección de poder (medios anfibios y aéreos).

De mantenerse la narrativa actual que posiciona a la defensa en un segundo plano, bajo el argumento que será responsabilidad de todos los mexicanos defender la patria, las estructuras militares para el final del sexenio –o antes– se habrán fisurado y México tendrá problemas mucho mayores que la seguridad interior.

Por IÑIGO GUEVARA MOYANO  
Consultor de la compañía Jane’s en Washington, DC.

 

 

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