Hoy, día de mi santo

Llevo días viendo un libro que no había querido abrir. La luz de la tarde le pega al librero donde lo coloqué

Valentina Ortiz Monasterio / Nube viajera / Heraldo de México

A la orilla del río no hay grandes castillos ni firmas de arquitectos a la entrada de las bodegas. Hay más bien colinas, muchas iglesias y poblados, cuyas casas poseen los jardines, para mí, más privilegiados del planeta. Ni muchos cipreses, ni demasiadas flores, más bien Chardonnay y Pinot Noir.

Los geógrafos dicen que fue cuando nacieron los Alpes que se generó esa particular topografía y suelos únicos, que varían de un viñedo a otro y con millones de años de diferencia en su origen. Esa es la Borgoña. La de las historias monásticas, la de las copas más redonditas y generosas.

Llevo días viendo, a metros de distancia, un libro que no había querido abrir. La luz de la tarde y el solecito le pega al librero donde lo coloqué. El libro se usa, y con la idea y con las manos que lo entregaron, firmé un compromiso de probar mucho y anotar sobre cada página descriptiva de etiqueta, los sabores, los aromas y las anécdotas.

Así, con decisión, abrí el libro en la página 175, que describía una etiqueta: un Chambolle- Musigny, Les Amoureuses, del productor Jacques- Frederic Mugnier. Vaya coyuntura hoy 14 de febrero, dije, aunque me parezca cursi e incómodo mi santo.

Las que se adoran, las amorosas, las amantes —en femenino—, no encuentro la traducción exacta del francés, pero el vino viene de media hectárea plantada hace unos 50 años, cuyo 2009 un día me sacudió.

Una noche hace 25 años la vi por primera vez en un restaurante parisino, mientras cenaba con un hombre mucho mayor que yo. Relación imágen-situación-felicidad, evidentemente el vino nació inolvidable para mí.

Seguí hojeando. Aburriría a varios con historias de aquéllos nombres de los 100 vinos de Borgoña, pero quiero beberme todos. Quiero que el libro se vuelva de cabecera y se manche como mis libros de cocina. Estoy de acuerdo con los que aseguran que los vinos de esa zona celta son de potencia femenina y, por moda, por reacción o por solamente sentirlo, es esa fuerza la que hoy se siente y se siente fuerte. Felicito a mis tocayos y les deseo curiosidad, libros de cabecera, cenas con hombres mucho mayores y solecito como el de las colinas de Borgoña. Para siempre.

POR VALENTINA ORTIZ MONASTERIO
GASTROLAB@ELHERALDODEMEXICO.COM
@VALEOM

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