Ley Fintech. Una industria y una promesa

La ley Fintech es una realidad que ha puesto a nuestro país como un ejemplo mundial de cómo se puede hacer regulación innovadora para promover la inclusión financiera

Bernardo González Rosas / Articulista invitado  / Heraldo de México
Bernardo González Rosas / Articulista invitado / Heraldo de México

A pesar del importante avance en materia de inclusión financiera en los últimos años, una tercera parte de los mexicanos no cuentan con algún producto financiero. El bajo uso de estos servicios implica que éstos no cuentan con la posibilidad de mejorar su calidad de vida y ser más productivos.

Por otro lado, la mayor parte de los activos del sistema financiero mexicano y de su infraestructura están concentrados en pocas instituciones de crédito. Esto, aunque no necesariamente es un indicador de poca competencia, sí apunta a que la oferta de servicios financieros está predominantemente determinada por lo que ocurre con dichas instituciones.

Al mismo tiempo que vemos esta fotografía, se desarrolló una industria en el mundo, y notablemente en México, que ofrece servicios financieros baratos y de fácil contratación. Esta industria representa una promesa para las personas de obtener financiamiento menos costoso, rendimientos más altos, medios para hacer pagos y transferencias a bajo costo, asesoría financiera automatizada, entre otros. A esa promesa se le conoce como Fintech. La combinación de tecnología y finanzas que permite ofrecer servicios financieros de forma innovadora.

Para aprovechar esas oportunidades y mitigar los riesgos asociados con la industria, en México se aprobó la Ley que Regula a las Instituciones de Tecnología Financiera. La ley es la primera en su tipo en el mundo.

En primer lugar, está basada en principios y no en fórmulas fijas escritas en la ley. Deja en regulación secundaria definiciones que pueden irse adaptando en el tiempo conforme evoluciona la industria, pero las cuales deben procurar el equilibrio de seis principios fundamentales: la inclusión financiera, la competencia, la innovación, la protección de los usuarios, la estabilidad e integridad financieras (que no se lave dinero, ni se cometan fraudes p.e. ciberseguridad) y finalmente la neutralidad tecnológica.

En segundo lugar, porque bajo un solo paraguas regula varias actividades como el fondeo colectivo (préstamos e inversiones persona a persona), los monederos electrónicos (pagos, remesas, activos virtuales), los datos abiertos (regulación para que todas las entidades financieras entreguen la información de sus clientes a terceros que los primeros aprueben, para darles, por ejemplo, asesoría financiera en el celular) y finalmente, la posibilidad de contar con modelos novedosos (pilotos, con un tiempo y número de clientes acotados, que permiten probar nuevos modelos de negocios con base en la tecnología).

La ley Fintech es una realidad que ha puesto a nuestro país como un ejemplo mundial de cómo se puede hacer regulación innovadora para promover la inclusión financiera, la competencia y el crecimiento de una industria dando, certidumbre a inversionistas y usuarios, al mismo tiempo que se pueden mitigar los riesgos asociados. Una ley que busca hacer realidad las promesas de la industria.

 

@bernardogr77

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