Ley Bonilla, el dilema

Una gestión de dos años no alcanza para nada a un gobierno estatal

Alejandro Cacho / Touché / Heraldo de México
Alejandro Cacho / Touché / Heraldo de México

El desaseado madruguete legislativo del anterior Congreso de Baja California para prolongar el mandato de dos a cinco años al gobernador electo, Jaime Bonilla, desvió la atención de lo verdaderamente importante. Quienes hemos vivido en el interior de la República Mexicana entendemos sin dificultad la sustancia del tema. Una gestión de dos años no sirve para nada a un gobierno estatal.

Esa es una realidad que no admite cuestionamientos.

Si los tres años que duran la mayoría de las presidencias municipales alcanzan para poco o nada, para una gestión estatal son completamente inútiles.

La práctica común cuando inicia un gobierno es que los nuevos funcionarios necesitan varios meses, a veces casi un año, para conocer los alcances de su área de responsabilidad, problemas, procesos internos, proyectos pendientes, estructuras burocráticas, etcétera.

Cuando se trata de gobiernos municipales, el segundo año –cuando ya pasó el proceso ser aprendizaje– se arrancan proyectos, se agilizan los procesos, se conocen las estructuras burocráticas y los caminos para obtener recursos. Entonces llega el tercer año, la prisa por terminar lo que se pueda antes de las elecciones y la entrega del gobierno al ganador. Si así pasa con un municipio, imagínese lo que será con un gobierno estatal de dos años. Sería apenas una gestión gerencial, casi casi un cajero que pague nóminas y proveedores y cobre impuestos y derechos. Nada más.

Por eso puedo entender la necesidad de aumentar de dos oda cinco años el gobierno de Jaime Bonilla, en Baja California.

El problema es que los legisladores no fueron previsores, modificaron la Constitución para que su periodo fuera solamente de dos años. Si eso era problema, entonces hubieran establecido que el periodo del durara hasta 2024.

El problema es que el sospechoso agandalle del anterior Congreso puso el foco en otro lado. Si la ley, en este caso la Constitución, se hizo para regirnos a todos y está mal que se cambie, pero hay que respetarla. Lo que pensaron los anteriores diputados locales fue que podían acomodar las cosas a su gusto y conveniencia, sin importar violar la ley.

Este fin de semana estará Lopez Obrador en Baja California y se reunirá con Jaime Bonilla. Es probable que ahí se decida si renuncia a buscar quedarse cinco años en el cargo o, tal vez, lo anime a seguir en su empeño. Veremos.

No es casual que Presidente haya visitado cinco veces el estado de Guerrero, en sus 10 meses de gestión.

El propio AMLO reconoció la disposición del gobernador Héctor Astudillo para trabajar en equipo y sumar esfuerzos para sacar adelante al país.

Andrés Manuel López Obrador dijo que respeta a Astudillo porque ha apoyado los programas de la 4T, y nobleza obliga. Y es que, dice el Presidente que podrán ser partidos distintos, pero cuando se llega al gobierno, hay que trabajar parejo.

POR ALEJANDRO CACHO
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@CACHOPERIODISTA


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