Las otras fosas

La cifra negra sobre el tema podría triplicar la estimada por las autoridades

Peniley Ramírez / Linotipia / Heraldo de México
Peniley Ramírez / Linotipia / Heraldo de México

En México hay miles de fosas clandestinas sin descubrir. Lo dicen las víctimas, que hacen sus propios cálculos basándose en lo que han investigado o les han dicho los informantes que algunos han podido pagar.

La cifra negra rebasa el tres por uno, cuando hemos tomado muestras de ADN, así van las proporciones, me dice Lucía de los Ángeles, fundadora del Colectivo Solecito, de Veracruz.

Lo dicen, calladamente, los policías, que antes se quejaban de falta de suministros para investigar y ahora de que ni siquiera les dan gasolina para manejar más de 10 kilómetros al día.

Lo dicen para esta columna, pidiendo anonimato, varios exfuncionarios de seguridad que durante casi dos décadas han visto crecer la catástrofe desde los sótanos de las oficinas policiacas.

Hay muchos cuerpos en el límite entre Jalisco y Nayarit, me dice uno, que trabaja con el gobierno actual. Son miles, pero nadie quiere meterse en eso.

No solo es allí, me dice otro, que trabajó durante tres gobiernos en altos puestos de seguridad.

Entre Jalisco y Michoacán hay una cantidad impresionante. A la mitad del sexenio [de Peña Nieto] empezamos a sacar algunos, pero Gobernación nos dijo que ya no le moviéramos. Estas fuentes aseguran que hasta ahora siempre ha primado el cálculo político, lo mal que se ve encontrar muertos y muertos para los que no hay espacio en las morgues, ni dinero para hacer pruebas de ADN.

La información sobre estas fosas, afirman, provenía de datos que los mismos detenidos por otros casos terminaban contando.

Pero el gobierno no buscaba eso, nunca fue un tema central. El gobierno pensaba de nuevo en cuáles lugares había elecciones y era mejor no mover el avispero.

Dos empresarios de seguridad secundan estas versiones. Uno dice que ahora no se están haciendo ese tipo de detenciones, que se están apoyando en los hallazgos de los familiares de las víctimas.

Las fosas de las que menos se ocupará el gobierno son las de esas fronteras, porque es más fácil enterrarlos en el municipio de enfrente, me dice otro funcionario. Tenemos casos muy similares en Guerrero, que es grave, en Tamaulipas, Jalisco y Michoacán, principalmente.

La semana pasada, el gobierno federal anunció los primeros resultados de un esfuerzo para sistematizar los hallazgos de las fosas y cuerpos –con información proporcionada en gran medida por los propios familiares de las víctimas y sus colectivos.

Está elaborando un primer mapa del horror de un país de fosas, que hasta ahora sólo habían contado los colectivos, las comisiones de derechos humanos y los periodistas.

Desde Solecito, piensan que aún está muy corto. Es un mecanismo necesario (aunque bastante horroroso) para poder dimensionar la catástrofe. El discurso, hasta ahora, es que no primarán los tiempos políticos. Los próximos años mostrarán si así sucede.

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@PENILEYRAMIREZ

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