Las omisiones de AMLO en seguridad

No es lo mismo usar la fuerza contra la delincuencia en el actual contexto de violencia homicida, con el objetivo de pacificar al país, que emplearla en un contexto con tasas más bajas de homicidios por rivalidad delincuencial

Rubén Salazar Vázquez / Director de Etellekt / Columnista Invitado

El presidente López Obrador ve en la historia una ciencia exacta, un conjunto de leyes que se repiten y determinan su toma de decisiones, confundiendo la mayoría de las veces su nostalgia por el pasado con una prueba empírica e irrefutable, capaz de demostrar que los hechos pueden repetirse y darle la razón, para bien, si se eligen los referentes históricos que considera correctos (habrá crecimiento económico si rescatamos a Pemex); o para mal, si elige los episodios negativos en la memoria del país (declarar la guerra al crimen, como lo hizo Calderón).

Lo preocupante es que AMLO no sepa discriminar las especificidades que acompañan a cada momento histórico, es decir, que no sepa distinguir los proyectos y la dirección política que estos imprimen a la historia. No es lo mismo usar la fuerza contra la delincuencia en el actual contexto de violencia homicida, con el objetivo de pacificar al país, que emplearla en un contexto con tasas más bajas de homicidios por rivalidad delincuencial, con el objetivo de declarar la guerra a los cárteles, como hizo Calderón. Los efectos, serían totalmente distintos. No es capaz de ver que ser pasivos frente a las organizaciones delictivas, puede tener consecuencias más funestas para la paz. Y sobre esto, tiene referentes históricos muy cercanos. Peña Nieto actuó con la misma pasividad, al dejar de combatir a los cárteles que se expandieron o quedaron en vías de extinción con Calderón. Los grupos diezmados resurgieron en células más violentas y difíciles de combatir, bajo operaciones de guerrilla urbana con apoyo de comunidades. Los grupos más fuertes, como el de Jalisco, adquirieron mayor poder y reforzaron su fisonomía paramilitar llevando a cabo tareas de limpieza social y exterminio de sus rivales. Al final, Peña no sólo fracasó en pacificar al país, su sexenio terminó siendo el más sangriento del que se tenga registro estadístico.

AMLO va en la misma ruta que su antecesor. Ser omiso ante la criminalidad le traerá peores consecuencias que declararle la guerra. Durante los primeros siete meses de la 4T van más de 17 mil homicidios dolosos. A este ritmo, es muy probable que su gobierno concluya con más de 200 mil asesinatos. Por otro lado, rescatar a Pemex apenas generó un crecimiento de 0.3% del PIB en el primer semestre del año. Es decir, si piensa abatir los índices delictivos con mayor crecimiento, parece que su apuesta tampoco le resultará factible. Su idea de desaparecer a las Fuerzas Armadas, abona menos a ese objetivo. Dejar que los grandes cárteles hagan lo que el Estado no puede hacer, constituye no sólo una omisión, sino también una artera violación a los derechos humanos.

La simpleza con la que el Presidente razona y aplica la historia lo está conduciendo tempranamente al abismo. Los costos políticos de sus omisiones legales en materia de seguridad los empezará a pagar, junto con Morena, en 2021, y los costos jurídicos tampoco le son demasiado lejanos, pues para entonces, con un Congreso opositor, deberá rendir cuentas por el incumplimiento de su deber legal y constitucional de garantizar la seguridad de los mexicanos.

Por Rubén Salazar
@ETELLEKT_

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