Las maldiciones no existen

Cruz Azul volverá a disputar una final cinco años después de haber perdido de forma inverosímil ante el América

Las maldiciones no existen

Derrota en la que se acuñó el término cruzazulear, es decir, la capacidad de echar a perder algo grandioso en el último momento. A la llamada maldición, se sumó el escarnio de quienes han hecho de las derrotas de este equipo motivo de burla. Están malditos, entonces no queda más por hacer.

Cruz Azul está tan maldito como los estuvieron los Cachorros de Chicago y los Medias Rojos de Boston en el beisbol. La maldición es tan parecida que todo indica que van a acabar con ella de la misma manera: con la ciencia al servicio del deporte y con profesionales del futbol que saben ejecutar en el campo lo que el entrenador les pide.

Jamás he dudado de que en muchas formas, la suerte juega en el deporte. Pero no creo en las maldiciones. Aún Cruz Azul no es campeón, tiene la mesa puesta para serlo. La explicación de por qué puede alzar un título después de 21 años tendrá raíces distintas: que sí se cambiaron de estadio, la llegada de Ricardo Peláez, la mano de Pedro Caixinha, contratación de jugadores de mayor calidad, etcétera.

Me quedo con el trabajo a nivel gerencial y deportivo. Cruz Azul es un equipo que históricamente ha invertido millones de pesos. Billy Álvarez sigue al frente de la directiva. En sus yerros se justifican muchas lágrimas de los aficionados. Su gran acierto fue contratar a Ricardo Pélaez, un hombre de futbol, inteligente, trabajador y que tiene un feeling especial para buscar jugadores y para motivarlos. El trabajo de Caixinha no puede quedar de lado. Ha aplicado la ciencia y la tecnología en el futbol y ha cobrado dividendos. Vi un video en Soy Referee donde narran que él recibe datos y estadísticas -120 variables de cada jugador- y echas mano de cuatro softwares para hacer un seguimiento con cámaras en tiempo real, tiene un dispositivo para analizar los datos, otro para grabar partidos y entrenamientos, otro para analizar a los rivales, es decir, cada partido arroja más de dos millones de datos.

Claro está que lo importante es la interpretación de los mismos. Así como los Astros de Houston, Chicago y Boston ganaron echando mano de la sabermetría (el trabajo de Theo Epstein) que no es otra cosa que el análisis de las estadísticas, así el Cruz Azul exorciza sus maldiciones.

No hay maldiciones, señores. Hay jugadores como Milton Caraglio que fallan al cobrar un penalti. Otros, como él mismo, que anota el gol en el momento oportuno. Hay regularidad en los resultados y por eso sé es líder de un torneo. Por eso basta un 1-1 en el global para calificar a la final del Apertura 2018. Es el premio al esfuerzo de todo un torneo donde puedes ser el mejor, pero todavía tienes que brincar un obstáculo no fácil llamado Liguilla.

Diacrítico. Deseo que Cruz Azul sea campeón. No soy su fan, pero me gustaría que contáramos esta historia de éxito sin maldiciones. Ya logró ser campeón de Copa. Nadie les regaló nada. Está muy cerca y a la vez muy lejos. Su destino está en sus pies. Que quede claro.

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