Las implicaciones globales de Hong Kong

Sería catastrófico que el nombre de China se asociara con una nueva represión

Adolfo Laborde / La Nao de China / Heraldo de México
Adolfo Laborde / La Nao de China / Heraldo de México

Se ha hablado mucho de las protestas que han sacudido la Región Administrativa Especial de Hong Kong; el mundo ha quedado sorprendido por el nivel de organización y sofisticación de las mismas, al grado de que ha sido muy difícil para la policía hongkonesa neutralizarlas o disuadirlas. Esa región fue una colonia inglesa y devuelta a China en el año de 1997 con ciertas condiciones (un país, dos sistemas) de autonomía e independencia. A China le quedarían atribuciones de defensa y política exterior y al gobierno autónomo de Hong Kong lo demás y en caso de que se requiriera la presencia de la fuerza militar china, sería a través de una petición oficial del gobierno local. Esto se iría desvaneciendo hasta 2047 cuando se cumplen los 50 años de la integración paulatina de este territorio con administración especial a la China continental. Todo iba bien hasta que en 2014 apareció La Revolución de los Paraguas que exigían el retiro de una reforma electoral del Congreso Nacional del Pueblo. Ese movimiento prendió las alarmas de que algo grave amenazaría el estatus de independencia. La ley de extradición de presos detenidos en Hong Kong a territorio continental, hoy suspendida, más no eliminada, fue la gota que derramó el vaso. Las protestas siguen pese a que el gobierno de China declaró que tienen tintes de actos terroristas y de que haya ejercicios antidisturbios en Shenzhen. La pregunta es ¿Por qué China no ha actuado en consecuencia? Esto ha sido gracias a que existe una coyuntura internacional que beneficia a los simpatizantes de las protestas y porque China tiene varios frentes abiertos.

El primero es la guerra comercial con EU, que lejos de finalizar, se mantiene viva; segundo, es el caso de Corea del Norte que tiene un peso determinante en el comportamiento de ese país en el terreno de los ejercicios balísticos; tercero, hay un conflicto militar latente entre India y Pakistán que de alguna manera podría distraer a China gracias a los intereses que guarda con los pakistaníes en el contexto de los programas de ayuda de la Nueva Ruta de la Seda y el rol que juega India en la estrategia geopolítica del programa denominado Indo-Pacífico; el cuarto factor de riesgo para China es Taiwán que ha alzado su tono beligerante con la compra reciente de aviones de combate F-16 a EU y un último factor que debemos considerar es el peligro de que el poder suave de China se venga abajo gracias a una intervención militar en Hong Kong. Sería catastrófico que el nombre de China se asociara con represión en un contexto donde han apostado a la nueva gobernanza global, el multilateralismo y la cooperación sur-sur a través de sus proyectos de la Ruta y la Franja, así como lo que en su momento serán los créditos al desarrollo del Banco Asiático de Inversión e Infraestructura donde los chinos serán los donadores de recursos. Estos elementos han logrado retrasar una intervención militar china y ha empoderado a los manifestantes. Los recuerdos y la memoria histórica de la Plaza Tiananmén, en 1989 siguen vivos. Esperemos que lo que acontezca en Hong Kong no sólo ponga a prueba a China de su responsabilidad, sino que dé un ejemplo de madurez política, tolerancia y respeto a lo que se pactó en 1984 con los británicos. De no pasar esta prueba, China habría desperdiciado inversiones millonarias en mejorar su imagen a lo largo y ancho del mundo, tal es el caso de los Institutos Confucio y los programas de cooperación sur-sur que ofrece. Esperemos que tal y como Carrie Lam, jefa ejecutiva de Hong Kong, declaró recientemente, se abra una plataforma de diálogo.

POR ADOLFO LABORDE
*INTERNACIONALISTA
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