Las guerras del huachicol

La magnitud del problema será mejor visualizada, luego de la decisión del presidente López Obrador

Javier_García_Bejos
Javier García Bejos / El Heraldo de México

Un robo a despoblado, un atraco a la nación, una actividad de dimensiones escalofriantes; es la historia del robo de combustibles en México.

La magnitud del problema seguramente será mejor visualizada ahora, luego de la decisión del presidente López Obrador de cerrar los ductos. Así, quedarán desnudas muchas partes de la operación y, por ende, el combate a esta actividad podría tener un vuelco interesante en los días por venir. En el camino, la medicina está siendo dolorosa. La poca disponibilidad de combustibles en las gasolineras ha generado una gran molestia en los ciudadanos quienes, a pesar de todo, han reaccionado con civilidad. Desde muchos lados se acusa la estrategia del gobierno, algunos reclaman la falta de solidaridad de aquéllos, mientras que otros más reprochan visibles fallas en la comunicación que han contribuido a generar más desconfianza. Sin embargo, es claro que éste es un buen momento para que, de una buena vez, se acabe la impunidad que ha permitido este saqueo, se persigan culpables y se pare la pérdida de los recursos de todos.

El problema temporal y las pérdidas económicas podrían compensarse si por fin se hace prevalecer el Estado de Derecho, y más aún, si de una buena vez esta actividad se convierte en delito grave. Es fundamental que los criminales, desde el mercado negro hasta empresas que compran combustible robado, vayan a la cárcel sin posibilidad de entrar y salir a placer como hasta ahora.

Más allá de las molestias que está generando esta situación, la oportunidad está del lado del gobierno; leyes que castiguen, culpables en la cárcel, arqueos a las gasolineras, vigilancia de alta tecnología complementada con helicópteros que permanentemente sobrevuelen ductos detectando puntos calientes y cuerpos de seguridad que le cierren el paso a esta actividad. El gobierno ha decidido atacar y ahora debe usar todas las herramientas para enviar la señal más poderosa que pudiera ayudar a México: el cumplimiento irrestricto del Estado de Derecho, sin impunidad y con castigos ejemplares.

Mientras tanto, esperemos que mejore la estrategia de distribución presente, que los ciudadanos pongamos de nuestra parte, y que esta suma de esfuerzos se traduzca en culpables tras las rejas. La obligación del gobierno tiene dos sentidos: garantizar que nadie pueda robar combustible y asegurar el abasto del mismo. Pero también es cierto que las empresas y ciudadanos deberíamos estar claros que, si existe oferta de huachicol, es porque hay demanda. Por lo tanto, más vale que todos estemos del lado correcto de la cuestión y nos pongamos a hacer fila, si el resultado será dar un golpe ejemplar a un flagelo que nos está robando a todos. Como ejemplo de la importancia del combate, recuperar los 67 mil millones de pesos de pérdida por robo que reportó Pemex para 2018, podría traducirse en entregar 600 pesos mensuales a cada mexicana y mexicano en pobreza extrema. Así de contundente.

 

javier garcía bejos colaborador

@jgarciabejos

 

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