Las buenas y las malas de Pueblos Mágicos

El programa de Pueblos Mágicos ha resultado una gran apuesta desde el enfoque de negocios, pero urge un órgano regulador de la marca

Las buenas y las malas de Pueblos Mágicos

-Tú consigue que sea mágico…

-Pero otros pueblos están más adelantados en el proceso de integración, gobernador…

-¡Y eso qué, chingaos! es el pueblo de mi abuelo y fue promesa de campaña, ¡si no puedes, dime!…

-No se preocupe, señor, yo me encargo de operar.

El programa más celebrado de la Secretaría de Turismo cuenta con abundantes casos de éxito y con síntomas propios de su lucimiento. Algunos para saciar el ego de gobernantes estatales y municipales en turno, otros para cubrir cuotas por favores recibidos, los más para desarrollar comunidades dignas de aparecer en el mapa turístico.

Las buenas:

Desde lo social, produce orgullo, integración y arraigo entre los habitantes. Financieramente es un hitazo; la actividad turística y económica que generan las comunidades integradas a este programa asciende a más de 1.4 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB).

Ha resultado una gran apuesta desde el enfoque de negocios. A partir de que inicia el programa, se han invertido arriba de 5 mil millones de pesos en los 111 Pueblos Mágicos. Con resultados que superan los 6 mil millones de pesos, ¡cada año! Con la visita de más de 4 millones de turistas anualmente.

Ahí están los ejemplos de Real de Catorce en San Luis Potosí, en una década creció mil 300 por ciento el número de visitantes y casi 700 por ciento la derrama económica en la región del altiplano. O Tequila en Jalisco, solo necesitó un decenio para recibir 20 mil visitantes en el 2005 a más de 200 mil en el 2015.

La mejor nota se presentará en la IV Feria Nacional de Pueblos Mágicos que inicia mañana. El Secretario de Turismo Federal, Enrique de la Madrid sugirió que en los stands que tendrán cada una de las 111 localidades del programa, se vendan paquetes turísticos. ¡Zaz! Se cierra la pinza del negocio y auguramos triunfo apoteósico.

Las malas:

Urge un órgano regulador con uñas y dientes independiente de la secretaría de turismo para administrar el buen uso de la marca, supervisar que se respeten los criterios y en caso contrario, quitar nombramientos. Esto afina la excelencia en el programa y evita la percepción de lo políticamente incorrecto al secretario de turismo.

Más importante que recibir el título de Pueblo Mágico, es lograr que cada municipio logre una organización emanada de los ciudadanos, la gobernanza le llaman, para que evolucione la gestión. Visité una docena de comunidades enlistadas en el programa a lo largo de dos meses y carecen de gobernanza o los titulares de comité son puestos por el presidente municipal.

Otra mala es la depreciación de la marca por la desilusión del visitante. No es lo mismo Bernal en Querétaro o Izamal en Yucatán que Mier en Tamaulipas o Tecozautla en Hidalgo, hay que dividirlos por categorías para presentarlos mejor.

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