Las bombas

En lugar de apoyar la protesta y reducir las consecuencias, la 4T asume la responsabilidad y potencia el daño

Ezra Shabot / Línea Directa / El Heraldo de México

Todo gobierno establece desde su inicio las prioridades dentro de una agenda a seguir durante su periodo.

Para Enrique Peña Nieto, el tema de las reformas aprobadas en el marco del Pacto por México era primordial y sobre eso se actuó durante los primeros años de gestión.

Sin embargo, la necesidad de estar preparado para imprevistos siempre obligó a retrasar o modificar la ruta a seguir y obtener así los objetivos establecidos.

Huracanes, terremotos, epidemias, alteran el rumbo establecido.

Pero es precisamente en el momento en que el gobierno en turno considera que determinado evento no posee la fuerza suficiente para ser considerado como determinante para el futuro de la propia administración, cuando una mala decisión puede significar su fracaso absoluto.

Dos temas cumplieron esa característica durante el sexenio pasado: la llamada Casa Blanca, o sea la propiedad de la entonces esposa del Presidente, y la masacre de Iguala que afectó a alumnos de la escuela rural de Ayotzinapa.

En ambos casos estas bombas estallaron.

A pesar de que existieron advertencias concretas de que su falta de atención y cuidado en el manejo de la crisis podría generar un serio daño a la administración peñista.

La soberbia fue mayor que la prudencia, y la explosión de las bombas terminó por ser un factor determinante para la derrota priista del 2018.

Corrupción e inseguridad hicieron saltar en añicos la agenda de reformas alcanzadas durante el sexenio.

La popularidad de Andrés Manuel López Obrador parecía estar blindada contra todo tipo de bombas hasta que la fallida operación contra Ovidio Guzmán empezó a trastocar el esquema de seguridad.

El segundo explosivo para la 4T ha sido más potente. Los feminicidios, la afectación a las mujeres tras el cierre de guarderías, y la desaparición de presupuestos para el combate al cáncer de mama, terminaron por construir un movimiento de protesta desde una sociedad civil descalificada por el propio primer mandatario y por algunos de sus funcionarios en un acto políticamente suicida.

En lugar de apoyar la protesta y reducir así las consecuencias de la explosión, la 4T asume la responsabilidad por el propio estallido y potencia el daño ocasionado.

Guardadas las debidas proporciones, es un fenómeno similar al que ocurrió con Ayotzinapa, donde en lugar de que autoridades locales y estatales asumieran los costos de la masacre, estos fueron trasladados en su totalidad al gobierno federal.

Saber desactivar bombas sociales e identificar las causas y mecanismos para evitar su propagación, es una cualidad indispensable para un gobernante que reconozca que la soberbia es mala consejera y conduce al fracaso político una y otra vez.

POR EZRA SHABOT
EZSHABOT@YAHOO.COM.MX
@EZSHABOT

abr

¿Te gustó este contenido?



Escribe al menos una palabra.