La vuelta (permanente) al peronismo

Como ocurre en países con un débil marco institucional, los nuevos gobiernos no llegan con la varita mágica

Adriana Sarur / La encerrona / El Heraldo de México
Adriana Sarur / La encerrona / El Heraldo de México

El domingo pasado Argentina vivió una jornada electoral, llamada PASO (Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias) y que, como dice el escritor y periodista, Martín Caparrós, las elecciones del domingo no definen nada, un caldito de argentinidad, votos que se hacen humo. Puesto que la primera vuelta de las elecciones será el 27 de octubre y, de requerirse, la segunda vuelta se efectuará el 24 de noviembre, para no llegar a esta instancia, el ganador deberá obtener más de 45% de los votos o 40% y una diferencia de 10 puntos porcentuales sobre el segundo lugar.

Sin embargo, las elecciones primarias significaron una pre-victoria casi inminente de la coalición Frente de Todos, encabezada por Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner, en contra de la coalición oficial, representada por Mauricio Macri y Miguel Pichetto, Juntos por el Cambio. Y es que cuando las casas encuestadoras daban por hecho un resultado de empate o una diferencia de no más de cinco puntos, el resultado del domingo fue de un contundente 47% para Fernández y sólo 32% para Macri, quince puntos de diferencia que no vieron las encuestadoras ni el más optimista de los peronistas. Por su parte, la fórmula de Roberto Lavagna y Juan Urtubey, que se autodenominan como la tercera vía, obtuvo sólo 8% de los votos.

Este ejercicio de democracia representativa, que fue más bien una especie de encuesta de salida financiada por el gobierno, nos lleva a ciertas conclusiones. Primero, que el imaginario colectivo latinoamericano mantiene el temor hacia la intervención del Fondo Monetario Internacional (FMI), y que la deuda pública no es la solución; segundo, que un gobierno no se maneja de la misma manera que una empresa, como quiso hacerlo Macri o como lo hace Trump; tercero, que las encuestas resultan un aliado de la incertidumbre y de las fallas predictivas; cuarto, que el peronismo, envuelto por el kirchnerismo, sigue vigente en la población argentina, aun cuando Cristina Fernández tiene varios procesos abiertos por corrupción y miembros de su gabinete están en la cárcel.

En este sentido, el general y presidente Juan Domingo Perón decía que: No es que nosotros hayamos sido buenos, sino que los que vinieron después fueron tan malos que nos dejaron como buenos. Y así sucedió este domingo (y muy probablemente ocurra en octubre) en Argentina, donde el periodo de Mauricio Macri en la presidencia fue tan desastroso para los argentinos que volvieron a la fórmula que no pueden olvidar, el peronismo.

Ahora bien, tal y como ocurre en países con un débil marco institucional, los nuevos gobiernos no llegan con la varita mágica para enmendar la situación del país. Y, en estos momentos, tras la derrota de Macri, los mercados se han desplomado y el dólar alcanza hasta 63 pesos argentinos y se vive en un limbo entre el gobierno que finaliza y la llegada de la izquierda peronista. Sólo queda esperar las elecciones de octubre y el cambio de gobierno en diciembre, esperar a que el símbolo peronista sea suficiente para brindar esperanza a los argentinos, pero, por el momento, serán meses de crisis para el pueblo argentino.

POR ADRIANA SARUR
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@ASARUR

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