La UE y Reino Unido: un divorcio contencioso

El bloque europeo va a ser más pequeño y resentirá la salida de la quinta economía del mundo

José Carreño Figueras / Desde afuera / El Heraldo de México

La Unión Europea y Reino Unido iniciaron el fin de semana la parte más contenciosa de su amargo divorcio y una que probablemente provocará mala sangre por largo tiempo.

Los primeros golpes de esta nueva etapa fueron lanzados por británicos y franceses. Gran Bretaña debe tener la capacidad de establecer leyes que nos convengan, dijo David Frost, jefe negociador nombrado por el primer ministro Boris Johnson.

Gran Bretaña debe prepararse a enfrentar una dura oposición en sus negociaciones de salida, advirtió Jean Yves Le Drian, ministro francés de Relaciones Exteriores. La UE y los ingleses se van a destrozar, agregó.

Y no es difícil ver por qué: los ingleses decidieron abandonar la Unión Europea como expresión de independencia y rechazo a mandatos o reglamentos impuestos desde fuera. Ahora demanda el derecho de comerciar libremente con la Unión.

Pero la UE, la parte desdeñada, no quiere darle facilidades ni perdonar las obligaciones en que incurrió el otro. Y menos acceder a la demanda inglesa de que se exente a sus productos de los requerimientos que impone la UE en sus importaciones o darle libre acceso a sus mercados.

Esa situación está en el centro de las negociaciones comerciales que se supone deberán terminar en diciembre de este año, cuando Gran Bretaña debería abandonar la UE, con o sin acuerdo alguno. Y las apuestas van por la negativa.

Pero no es tan simple. El comercio británico con la UE sumó el año pasado unos 570 mil millones de dólares, casi la mitad de todo su intercambio con el mundo.

EU es el mayor socio individual de Gran Bretaña, con 105 mil millones de dólares, pero Alemania por sí sola intercambió 101 mil millones con Reino Unido. China está en tercer lugar, pero los siguientes seis son Holanda, Francia, Bélgica, Irlanda, Italia y España. En otras palabras, el impacto económico va a doler en ambas partes.

Por un lado, el bloque europeo va a ser más pequeño y resentirá el golpe de la salida de la quinta economía del mundo, pero a su vez, esa gran nación mercantil está en plan de pelea con sus principales socios comerciales. Y éstos no están de humor para ser amables: primero porque son la parte abandonada; segundo porque no pueden dar facilidades a la salida y deben hacerla costosa y difícil como aviso a futuros imitadores, y tercero, porque se trata de Boris Johnson y un gobierno que ha hecho todo por ganarse la irritación de los europeos.

Peor aún, algunos creen que la UE teme que los británicos acaben por beneficiarse a su costa, gracias a un proceso de decisión menos burocrático.

La negociación se impone sin embargo. La asociación comercial es importante, tanto que el gobierno Johnson ha comenzado a señalar que si no puede obtener un trato como el que tiene Canadá con la UE, un convenio de libre comercio que lleva años como provisional, desearía un trato similar al de Australia. Suena bien. Pero Australia no tiene acuerdo comercial con la UE.

POR JOSÉ CARREÑO FIGUERAS
JOSE.CARRENO@HERALDODEMEXICO.COM.MX
@CARRENOJOSE1

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