La tragedia de los Congresos locales

Este artículo es un desahogo y, a su vez, una denuncia sobre lo que se vive desde el interior de un congreso local

Guillermo Lerdo de Tejada  / Heraldo de México / Columnistas El Heraldo
Guillermo Lerdo de Tejada / Heraldo de México / Columnistas El Heraldo

En México, hay 32 de ellos, integrados por aproximadamente mil 100 diputados en total. No es cosa menor. Desde estos recintos se aprueba el gasto de los gobiernos locales, se legisla en materias que van desde la seguridad hasta la salud, y se ratifican o rechazan reformas constitucionales, como la creación de la Guardia Nacional.

Sin embargo, de lo que esa enorme masa de legisladores hace, sabemos poco y lamentablemente cuando escuchamos de ellos es por malas noticias.

Sin ir muy lejos, la semana pasada, el Congreso de Baja California votó para ampliar de dos a cinco años el periodo del gobernador electo, en una acción ilegal, antidemocrática y que hiede a corrupción.

Me temo que lo que sucedió en Baja California es la norma, lo sé porque yo también soy legislador en la CDMX. Sin generalizar, puedo afirmar que la labor de los congresos locales es, por decir lo menos, mediocre. La mayoría de las iniciativas que se presentan son irrelevantes, los debates superficiales, las inasistencias constantes y el contrapeso al Ejecutivo, una total simulación.

Los legisladores gastan miles de millones de pesos en gestiones sociales, que las más de las veces terminan siendo formas de comprar clientelas.

Mientras tanto, las tareas legislativas quedan en el descuido. Prueba de ello fue la necesidad de ampliar el plazo de entrada en vigor de múltiples leyes que derivan de la Constitución de la CDMX, pues no se hizo el trabajo a tiempo.

Por otro lado, está el asunto de que los diputados actúen como empleados del gobernador. Lo anterior no es nuevo, pero se acrecentó con Morena.

Los legisladores de esas filas no sólo son de una inexperiencia e incapacidad proverbial, sino que además de un servilismo peligroso. El esfuerzo de cualquier otro legislador fuera de su esfera es marginado por completo.

En la Ciudad de México, por ejemplo, Morena usa su mayoría absoluta (37 de 66) para aprobar o rechazar lo que le ordene la jefa de Gobierno, generalmente sin interés por debatir con la oposición ni explicar cómo se beneficia a la ciudadanía. Así, el Congreso, supuestamente un poder autónomo, termina convertido en una oficialía de partes.

Es en los esfuerzos individuales de algunos legisladores donde hay destellos de esperanza. Hace unos días, la diputada nayarita Julieta Mejía promovió un juicio a favor de las estancias infantiles de su estado, gracias al cual, unas 180 han vuelto a recibir recursos. Como Julieta, hay quienes desde los márgenes del poder estamos buscando dar la enorme batalla de cumplir con el deber que nos ha sido encomendado. Lo de Baja California no debe quedar solamente en la esfera del análisis jurídico. Es un llamado de atención de lo que sucede en lo local, desde donde debe construirse la verdadera transformación nacional.

Por lo pronto, seguiremos alzando la voz quienes no estamos conformes con la podredumbre política de este país. Esperemos ser escuchados con más frecuencia.

Por Guillermo Lerdo de Tejada

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