La sororidad y la violencia de género

La violencia de género es un efecto colateral del sistema patriarcal en el que nacimos todos

José Óscar Valdés Ramírez / Heraldo de México
José Óscar Valdés Ramírez / Heraldo de México

Desde las épocas más remotas de la cultura humana, se ha manifestado la subordinación de las mujeres respecto a los hombres. Este fenómeno no se ha limitado sólo a concebir la inferioridad femenina, sino que ha trascendido las fronteras de lo racional, hasta llegar a manifestarse mediante comportamientos agresivos, acreditados por el patriarcado y ratificados por las sociedades ulteriores, conforman la ya histórica y universal violencia de género.

A pesar de que la violencia hacia la mujer no es un fenómeno nuevo, tiene un innegable antecedente histórico patriarcal, su reconocimiento, y, por tanto, pasó de ser considerada de una cuestión privada a un problema social. Cierto es que la mayoría de las personas conocen algún caso de malos tratos, pero se han silenciado bajo el pretexto de considerarlo como un asunto privado.

Los hechos que ejemplifican las desigualdades y discriminaciones hacia la mujer son numerosos. Algunos datan del año 400 a.C., cuando las leyes de Bizancio establecían que el marido era un dios al que la mujer debía adorar.

El Estado de México, con el más alto índice de violencia familiar y de feminicidios, urge en todos los niveles municipal, estatal y federal erradicar estos crímenes, es un símbolo de nuestra descomposición social y carencia de valores, como la falta de aplicación de la ley. Las autoridades ministeriales no atienden a las mujeres, se mofan de ellas. Se puso de moda la palabra sororidad, neologismo que se emplea para referirse a la solidaridad entre ellas en un contexto de discriminación sexual, palabra compleja como la mujer misma. En ocasiones, la solidaridad en el trabajo, la envidia, las hacen vulnerables; deben aprender a ser unidas y entender que si dejan que esto siga, les afecta a todas. Y a los hombres entender que no se debe maltratar a la mujer.

Compete a la autoridad aplicar la ley y no tolerar abusos, ni victimizar a las mujeres, es una tristeza que los que tenemos hijas, tengamos que decirles una serie de recomendaciones. La última, para las que viajan en el servicio público, que compren un teléfono barato y guardar el de valor, para que cuando las asalten den el barato; las autoridades no han tenido la capacidad para evitar estas anomalías. No concibo a la delincuencia sin el contubernio con la autoridad. Se debe empezar una campaña nacional y se deben agravar las penalidades e investigar a las personas que lastimen a las mujeres. Si la autoridad sigue sin castigar a los responsables y sin proteger a las mujeres, las conductas seguirán. Si se lanzaron campañas contra el virus de la influenza al cansancio, hagámoslo contra la violencia de género en todos los ámbitos: familiares, laborales y en los tres niveles de gobierno. Es inconcebible que en redes, las ONG y la IP realicen campañas sin resultados. No podemos dejar que las mujeres del país vivan con miedo, la fórmula es simple: A las niñas y a las mujeres NO se les toca sin su consentimiento, hacerlo debe tener castigo con severidad.

 

Activista jurídico

@drjoseoscarv

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