Daniel Francisco: La soledad del poder

La guerra está en marcha, sólo hacía falta un enemigo y una agencia de relaciones públicas para diseñarla

Daniel Francisco / Editor de UNAM Global / El Heraldo de México

El poder también es una ilusión. La fantasía del control. Para el registro burocrático fue un presidente quien decidió ir a la guerra en Irak, enviar soldados a un lugar inhóspito, destinar recursos a un conflicto bélico sin planes de contingencia, sin analizar lo que se desencadenaría.

En la película Vice de Adam McKay observamos a un ser humano frágil e ignorante, acechado por los lobos que le susurran: es tu guerra, está en tus manos.

El hombre más poderoso del mundo, en este caso George W. Bush, recibe informes que previamente revisó y filtró el vicepresidente, Dick Cheney, el subordinado.

Se miente, desde la misma Organización de las Naciones Unidas (ONU), a organismos internacionales y a la opinión pública internacional.

La guerra está en marcha, sólo hacía falta un enemigo y una agencia de relaciones públicas para diseñarla: la narrativa de la venganza.

Un presidente, un primer ministro, un rey son los símbolos en los que depositamos esperanzas y delegamos responsabilidades.

Creemos que su aura será lo suficientemente poderosa para derrotar a las hidras, una a una cortará todas esas cabezas: corrupción, crímenes, inseguridad. Por decreto se desterrarán los problemas del reino. Pero si algo huele mal en Dinamarca no se acabará con buenas intenciones, ni con discursos.

El solitario en el poder es rehén de los Cheney que obedecen y son leales.

En silencio y con paciencia elaboran un laberinto burocrático, sólo ellos conocen el camino. La imagen que se construye alrededor de un líder como Bush oculta siempre que el rey va desnudo y recibe asesoría por quienes lo tienen secuestrado. Viven en una burbuja en la que su percepción del mundo está sesgada.

En pozos revueltos, ganancia de petroleras y trasnacionales. Toda guerra promete botines a sus mercenarios.

Mientras los medios cuestionan los resultados de la guerra y en la agenda pública se discute si ya no habrá más ataques de los enemigos del mundo libre, en privado se adjudican contratos sin licitación a contratistas y petroleras.

El Bush de Vice es como el Primer Ministro del Reino Unido que aparece en uno de los capítulos de la serie Black Mirror. Cualquiera pensaría que tienen poderes plenipotenciarios, capaces de tomar decisiones incuestionables, rodeados de las personas más inteligentes y que sus ejecuciones son producto de horas de reflexión y retroalimentación. No es así siempre. Para salvar a la princesa el primer ministro tiene que hacer un acto bochornoso frente a las cámaras, será observado por televisión. No tiene alternativa, o eso le han hecho creer.

El hombre más solitario de Downing Street 10 está secuestrado por sus circunstancias. Cederá para conservar el poder. Al igual que Bush, nunca se darán cuenta que siempre estuvieron solos.

 

Editor de UNAM Global

@dfmartinez74

 

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