La simulación convence

Lippi describió en ese cuadro, la naturaleza del poder cuando es perverso

La simulación convence

Lorenzo Lippi, pintor y poeta florentino del siglo XVII, realizó una serie de obras maestras del pleno barroco, en la consolidación del renacimiento. Uno de sus mejores lienzos -para mí el más descriptivo de su época- fue La alegoría de Simulación.

Representando a una bella mujer con dos motivos en la mano: una granada semi abierta, que alcanza a mostrar el dulce fruto, y una máscara con la intención de ponérsela sobre un bello rostro, para esconder sus verdaderas intenciones.

El manejo de las sombras en sus manos es magistral, al expresar la forma subrepticia con la que intenta colocarse un semblante imperturbable ante una situación que, se adivina, tiene enfrente. Simular es un arte… a veces inteligente, a veces perverso sobre la realidad.

Esta obra de Lippi no es sólo una ocurrencia, es más bien el reflejo de una constante en la vida de Florencia y la atmósfera que prevalecía en la bota italiana… balcanizada, profundamente confrontada entre príncipes, papas, obispos y todos los títulos de la realeza contemporánea…, realeza y mercaderes o banqueros con el suficiente dinero para comprar un título nobiliario.

No olvidemos que, en esos tiempos, con oro se podían comprar bulas papales que abrieran o cerraran las puertas del cielo. ¡Así de fácil!

Hago alusión a la simulación, porque sigue siendo un recurso pertinente ante el quehacer humano en nuestros días. Simular, es esconder las reales intenciones o degradar una situación que pudiera ser alarmante, minimizándola con la levedad de un rostro indolente y carente de expresividad. ¡Imperturbable!

Vivimos en México la estampa de Lippi. El bello rostro de la intransigencia, presto a ocultarse tras una máscara impertérrita que aprovecha ser vista por gente que no alcanza entender el ocultamiento de las reales intenciones de los que mantienen el poder y su continuidad.

Y ahí me tienen. Conmigo un grupo creciente de mexicanos, que nos damos cuenta de la simulación. La denunciamos…, hacemos la estridencia para que se note. Incluso el esfuerzo para desenmascararla. Pero… nada. La simulación sigue teniendo adeptos. Convence. O sea, vence a todo.

Si en algún momento en nuestra joven historia, al sistema mexicano se la ha llamado La Dictadura Perfecta, sí que lo es. Es tan perfecta que no se advierte.

Tan clara y descarada, que sin más se pone la máscara sin esperar resistencia.

Después de todo, los que la denuncien, serán neutralizados por el mismo sistema que se encargará de ello.

El mandato es muy claro:

Ignoren a los que denuncian una supuesta corrupción. Están locos los que creen que sostenemos un cinismo oculto. Los políticos y nuestras agrupaciones somos gente buena que quiere lo mejor para México. No hagan caso a quienes nos denuncian. Sólo sígannos y os haremos felices

Lippi describió en ese cuadro, la naturaleza del poder cuando es perverso. Y para cerrar la historia… fueron pocos los que entendieron su mensaje.

Por Pedro Ferriz de Con

¿Te gustó este contenido?




Lo mejor del impreso
OpiniónSacapuntas

Sacapuntas