La resaca después del festín populista

Fracasó Theresa May en construir un discurso ganador y de fuerza para acudir a las negociaciones del divorcio de su país con la Unión Europea.

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Ricardo Pascoe


Los resultados de la elección en el Reino Unido (RU) son impactantes. Fracasó el intento de la Primer Ministro, Theresa May, del partido Conservador (Tory), por construir un discurso ganador y de fuerza para acudir a las negociaciones del divorcio de su país con la Unión Europea, también conocido como Brexit, con una ampliada mayoría en el parlamento británico. En vez de ello, vio disminuida la presencia de su partido en ese cuerpo legislativo, y ahora tendrá que aliarse con el Democratic Unionist Party, un pequeño partido regional de Irlanda del Norte, para tener una frágil mayoría que le permitirá gobernar y negociar con la Unión Europea. En vez de fuerza, mostró debilidad y retroceso. Mal empieza el RU su proceso de salida de la Unión Europa.

Pero lo interesante del resultado es el crecimiento del partido Laboral, pues los sectores de la clase obrera vieja inglesa que dejaron solos a los laboristas para votar a favor del Brexit el año pasado, hoy regresaron a su partido histórico. Es decir, abandonaron a los populistas de derecha que los había convencido sobre la conveniencia de salirse de la Unión Europea, y mostraron que sus inquietudes sobre la política y la economía siguen transitando por una agenda tradicional del laborismo inglés -sistema de salud, prestaciones y servicios sociales-no tanto por una disputa con la Unión Europea sobre la inmigración extranjera. El discurso Tory que buscaba atizar el patriotismo antieuropeo no resonó entre ese electorado, donde un año antes sí tuvo una gran resonancia. Cosas de la volatilidad de los electores y sus percepciones sobre los grandes temas del momento.

Trump también pesó en la elección británica. A partir de los más recientes atentados en Londres, y ante un comentario del alcalde de Londres llamando a la calma, Trump tuiteó en su contra, burlándose de su llamado e insinuando una supuesta conducta titubeante ante el terrorismo. Esto lo hizo Trump sin tomar en cuenta que Sadiq Khan, un alcalde musulmán, es, en este momento, el político más popular en Gran Bretaña. Al atacarlo, y apoyar a Theresa May y los Conservadores, tuvo el efecto de enajenar votantes para la causa de ese partido. Contribuyó a que mermara la aceptación social para la visita que Trump tiene programada para finales de este año al RU, y provocando el llamado a que no lo recibiera la Reina Isabel II.

Aunque no se ha decidido el tema, lo cierto es que existe, a partir de ahora, una gran aversión a Trump y su presencia en ese país. Y la afectación a la aún Primer Ministro no podría ser peor.

Trump también había tuiteado su apoyo a la candidata del Frente Nacional francés, Marine Le Pen, quien perdió la elección por la Presidencia de Francia ante el europeísta Emmanuel Macron. Le Pen destacó por su actitud xenofóbica, racista y de rechazo a la Unión Europa. Macron, en cambio, rechazó el proteccionismo económico de Le Pen, su aislacionismo y la intención de retirar a Francia de la Unión Europea. Era dos visiones sobre el futuro del mundo, nítidamente representadas por dos candidatos. De un lado, están los populismos de derechas: Trump, Brexit y el partido Conservador de May y, en Francia, Le Pen. De otro lado, la Unión Europea y la oferta de un mundo integrado y cooperativo, por ejemplo, en materia de protección al medio ambiente, refugiados y protección social.

Trump vive días aciagos en la Casa Blanca. Idos están los días en que festinó el voto aprobatorio británico de Brexit como propio.

Su apoyo a May y Le Pen se ha tornado una maldición para esas propuestas y candidaturas, ahuyentando votos y votantes, mientras la aversión mundial a Trump crece a pasos agigantados. Ahora asume, en nombre de la lucha anti terrorista, la autoría del peligroso conflicto entre las naciones del Golfo Pérsico, sin obviamente medir las consecuencias de sus tuits y posicionamientos en una zona del mundo que no conoce y mucho menos comprende.

Después de la euforia del proteccionismo y aislacionismo que provocó el populismo de derechas asumida por Trump, Le Pen y May, viene la resaca.

Ni los votantes comprenden las implicaciones últimas del camino que quieren seguir, especialmente con relación al nacionalismo económico, ni confían plenamente en sus respectivas clases políticas. La oleada ascendente de sus votos se detuvo, y entra en descenso, hasta vertiginoso.

Trump es el Presidente históricamente más impopular que haya tenido Estados Unidos, desde que se usan encuestas para medir ese dato presidencial. Después del festín de promesas, cunde el escepticismo y las dudas se multiplican.


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